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Tras un arduo debate que pone fin a
11 años de deliberaciones en el seno de Naciones Unidas
entre los Estados y los representantes de los pueblos indígenas,
el Consejo de Derechos Humanos de la ONU adoptó ayer en
Ginebra, por 30 votos a favor, 2 en contra y 12
abstenciones, una Declaración Universal que convalida sus
derechos. Constituye un acuerdo inédito, apoyado por más
de 1000 ONGs de indígenas, que han visto satisfechas sus
aspiraciones básicas, en particular el impulso para avanzar
hacia su desarrollo integral.
El texto, presentado por el embajador y ex canciller
peruano, Manuel Rodríguez Cuadros, no es coercitivo para
los Estados, pero reafirma el principio de la libre
determinación para que los pueblos indígenas resuelvan los
asuntos internos de su comunidad, en el marco de una nueva
relación de cooperación y dialogo con los gobiernos. Al
propio tiempo, el documento aprobado ofrece salvaguardas
para que los Estados preserven su integridad territorial, de
modo que los conflictos y reivindicaciones de tierras
eventualmente reclamadas por los indígenas, puedan
solucionarse mediante la negociación de autonomías,
respetando sus valores y el derecho a la reparación si hubo
expolio.
El texto es un ejercicio de equilibrio redactado por el
diplomático peruano Luis Enrique Chavez, quien presidió un
grupo de trabajo en el que participaron delegaciones
gubernamentales y dirigentes indígenas. Es un compromiso
que ha congregado a un 60% de las poblaciones indígenas
dispersas por el mundo y a una mayoría de Estados alrededor
de la Unión Europea, Africa y América Latina. En sus 45
artículos se toma nota de la vulnerabilidad de los indígenas
y de las necesidades para garantizar su desarrollo. Se
enumeran medidas para corregir las injusticias históricas,
enmendar la discriminación de las que suelen ser objeto por
su origen e identidad, y abordar las causas que los han
sumido en la pobreza, la exclusión social y la desigualdad
económica. A instancias de una subcomisión de expertos de
la ONU, los indígenas volverán a encontrarse con los
gobiernos en Ginebra a fines del mes que viene para retomar
el debate, una reunión que se inscribe según el nuevo vínculo
que pretende instalar la Declaración promulgada ayer. Luego
de un periodo de reflexión para observar su aplicación en
los contextos nacionales, sin duda comenzaran los primeros
pasos hacia una Convención que finalmente obligue a los
Estados a terminar de saldar una deuda ancestral, con siglos
de racismo, xenofobia, intolerancia y marginalidad.
* Juan Gasparini es periodista
acreditado ante la ONU en Ginebra. |