julio 20, 2015

Declaración de Tabor/Huarochiri

Entre los días 24 y 27 junio se realizó en Lima (Perú) el Encuentro Diálogo Internacional Indígena Cristiano. ENDEPA estuvo presente en la figura de Angel Callupil, del Equipo Dioscesano de Comodoro Rivadavia. Compartimos a continuación, el texto completo de la Declaración de Final de Tabor/Huarochiri, resultado de las reflexiones e intercambios del Encuentro.

declaracion

DECLARACION DE TABOR/HUAROCHIRI
DESDE Y PARA UN RENACER ESPIRITUAL DEL CONTINENTE

Nosotros, los que abajo suscribimos, miembros de las espiritualidades cristiana e indígena y comprometidos con un mayor entendimiento y cooperación entre éstas para el servicio de nuestros pueblos y de la Humanidad, reunidos en un retiro/encuentro espiritual vivencial en la Casa Tabor (Santa Eulalia), en Huarochiri, Perú, del 24 al 27 de junio del 2015;de diversas ocupaciones -formales o informales- en favor de la sanación y del bienestar espiritual, social y ambiental de nuestras comunidades; procedentes de los más diversos lugares de nuestro continente; y asistentes
al referido encuentro a título personal – esto es sin pretensión representativa de instituciones o grupos sino meramente como seres humanos, hijos e hijas de un mismo Creador, Gran Espíritu o Padre-Madre Dios – y por tanto
hermanos bajo Su Voluntad, lo que nos compromete a una respectiva acción común, declaramos:

Luego de constatar:
– La agobiante problemática en enfermedades físicas y espirituales, en lo personal y social, que enfrentan nuestros pueblos; la cada vez más notoria violencia en todas sus manifestaciones – tanto en la vida cotidiana como en la conflictividad social y política – y el grave deterioro de la condición ambiental natural en nuestros territorios, así como del Planeta; – Que en el fondo se trata de una considerable crisis de civilización, global y estructural, que coloca al mundo entero en situación de casi colapso y riesgo de extinción, y cuya carencia más notoria es la falta de dirección ética o valores espirituales superiores que marquen camino, den aliento y proporcionen acierto, para encontrar soluciones adecuadas y eficaces a favor del imperativo cambio de fondo requerido -en favor de la Vida y del Bien Común – y como respuesta al querer vivir bien y en forma correcta
que nos compromete como seres humanos.
– Que por razones proféticas e históricas El Creador ha dispuesto que la indígena y la cristiana sean las espiritualidades hasta ahora más preponderantes o emblemáticas en nuestro continente – lo que les da un papel de responsabilidad especial insoslayable para aportar a lo anterior- y sin exclusión de otras espiritualidades relevantes.
– Que lo anterior será solo posible – más allá de sólo meros debates o abordajes intelectuales – en un encuentro de corazones y conciencias; bajo el signo de lo espiritual que nos une y convoca a todos; desde una exigencia de buena fe y buena voluntad; con un sentido de enriquecimiento mutuo y de revelación recíproca; con la alegría de la celebración conjunta de la Vida (como lo demostraron a cabalidad todos los ritos, oraciones y deliberaciones compartidas en nuestro encuentro); y con una entrega entusiasta que ofrezca un testimonio vigoroso – en un compromiso fraterno y sincero en Justicia y Verdad –pues no podrá haber nunca Paz sin ambas.

– Que, además, la muy importante y trascendente Encíclica del Papa Francisco, “Laudato Si”, sobre la Ecología Integral Espiritual y Social, ha venido a revindicar justamente los duros esfuerzos pioneros y sacrificios de
muchos indígenas, ambientalistas, religiosos y demás activistas, incluyendo entre ellos a algunos mártires; quienes por muchos años han abanderado dicha temática; así como a darles un bienvenido gran espaldarazo y a
expandir el alcance de dicha temática.
– Que, a pesar de lo corto que se han quedado hasta ahora los esfuerzos de las Naciones Unidas por promover un nuevo marco planetario para afrontar la grave crisis ambiental que vive el mundo – la cual, como señalado
anteriormente, va mucho más allá de una mera crisis climática – tal espacio representa también otro campo de oportunidad que debemos aprovechar para vocear y abogar vigorosamente por la causa ambiental -dentro de la
ampliada perspectiva de un cambio de civilización de base espiritual.

Declaramos:
1. Que rechazamos que, con la excusa de “las necesidades de la crisis económica”, se fomente una disfrazada y desbocada codicia e inescrupulosidad de poderes económicos y políticos que consideren a nuestro continente como un mero “botín de recursos naturales” -a ser explotado lo mas rápidamente posible, sin ningún miramiento ambiental y social, y para el beneficio de unos pocos a expensas de muchos. Cuando en verdad se trata de un espacio lleno de una invalorable diversidad de noble vida; indispensable para el Planeta y necesario para la sobrevivencia de
toda la humanidad y demás seres que en él habitan: incluyendo bosques, suelos, aguas y demás componentes de La Creación – en las más complejas y delicadas inter-relaciones entre los mismos. Todo ello, en un generoso y prodigioso legado de El Creador para el vital Bien Común -hoy severamente desquiciado o amenazado por la mera e irresponsable mentalidad cortoplacista de explotación sin medida.
2. Que la Naturaleza o Creación de la cual somos parte merece respeto y cuidado en todas sus expresiones: no solo en sus aspectos biológicos sino también en la vital dimensión espiritual.Siendo dicha Naturaleza manifestación y revelación sensible del orden y jerarquía establecidos por El Creador, habitada por seres vivos visibles e invisibles; incluyendo “lugares particularmente sagrados” ofreciendo una lectura del sentido de la Vida -en una
geografía espiritual especialmente descifrada por las culturas indígenas, coincidente con los santuarios naturales más prístinos, y por lo demás fuente de sanación y provisión para los diferentes reinos de la Vida en los dominios físico, psíquico, emocional y espiritual. Para ambas espiritualidades aunque lo sagrado esté en todos lados, lo está más naturalmente en sitios donde La Creación original aún pervive prodigiosa o donde los seres humanos han dejado gran carga de oración y veneración a lo divino, por lo que dichos “lugares especialmente sagrados” de los pueblos indígenas deberían gozar de tanto respeto y protección como los de un templo cristiano.
-Que es necesario en particular, para una justa restauración moral, asumir la respectiva reparación espiritual por el gran daño que se le ha infringido a los pueblos indígenas de nuestro continente -al desconocerles por tanto tiempo el valor y relevancia de su genuina y legítima espiritualidad – a su vez basamento vital de su identidad y cultura. De igual modo es necesario asumir el gran valor de la genuina espiritualidad cristiana y sus aportes e insistir
en la búsqueda de las comunes afinidades naturales mutuamente potenciadoras de ambas espiritualidades. Este proceso implica el mutuo y valiente reconocimiento tanto de los legítimos derechos como de los deberes de ambas.

Que asimismo es necesario también asumir y reconocer, en constructiva autocritica, y aparte de la obvia vulneración externa, la degeneración propia en ambas espiritualidades, sus sombras específicas y su alejamiento de sus genuinas fuentes de origen.Humilde y valiente autocrítica que permita hacer valer el tesoro de sabiduría y relevancia que les ha dado a ambas El Creador; y con la misión, sin falsa modestia y sin vanidad, de ser claras guías éticas para nuestros pueblos -ante sus serios problemas y retos -en una común e insoslayable responsabilidad.
Que en función de lo anterior y de la urgente necesidad de sanación de los individuos, familias, comunidades y de la misma Naturaleza, es imprescindible como pre-requisito que el proceso de purificación y curación empiece por nosotros mismos y las espiritualidades a las cuales nos atribuimos. Para ello, ambas espiritualidades cuentan con numerosas herramientas de sanación, muchas veces subestimadas y desdeñadas, y abundantes fuentes de provisión o bendición -alcanzando desde lo biológico hasta lo más elevado e inspirado a nivel espiritual.

Que por tanto es necesario que ambas espiritualidades fortalezcan la vuelta a sus poderosas y auténticas fuentes de origen, y se renueven también en lo necesario, incluyendo un acceso más “democrático” a sus dimensiones místicas, de cara a los nuevos tiempos y circunstancias, considerando que los segmentos insensibles, extremistas o elitistas en ambas, con frecuencia, las distorsionan gravemente, dificultando el necesario entendimiento y respeto mutuo, así como haciéndolas objeto de indiferenciados o ilegítimos y contraproducentes sincretismos. Al esquivarse dichos escollos, se podrá mejor aportar a la remediación de las hoy apremiantes necesidades de nuestros pueblos y de La Creación – así como los sagrados y sabios designios de ésta -de cara al respeto y la preservación de la Dignidad y la Vida.

Que nos preocupa sobremanera la urgente necesidad de trabajar para nuestra juventud a fin de acompañarla u orientarla en favor de su propio bienestar, maduración y sanación: tanto para ayudarla a relacionarse de una forma distinta con la Naturaleza, como para reconectarla con la dimensión de lo sagrado. Percibimos un serio problema de identidad en los jóvenes tanto del mundo occidental cristiano como del mundo de los pueblos originarios. Muchos jóvenes de la ciudad están sobre tecnologizados, desconectados de la Naturaleza y de sus cuerpos; y en los pueblos originarios, muchos lucen cada vez más desarraigados y con deseos de migrar al mundo occidental, en una crisis de identidad en cuanto a su cultura de origen. Tanto esta desacralización como esta pérdida de identidad frente a la desaparición de referencias éticas claras conduce a una vida sin sabor, sin intensidad, sin espíritu de alegre aventura ni entusiasmo. Todo ello genera una errada búsqueda compensatoria de sentido de la vida mediante mal orientadas prácticas – transgresivas, peligrosas – y hasta letales, de auto-iniciación como el consumo de drogas, la improvisación y manipulación ritual, o diferentes modos de inducción de vivencias extremas y violentas. Somos llamados a ser intérpretes de las apremiantes necesidades de responsable guía y acompañamiento en los jóvenes.
8. Que es necesario fomentar urgentemente espacios de diálogo e iniciativas de acción conjunta, incluyentes, entre ambas espiritualidades- y otras que quieran sumarse – a fin de hacer todas aportes concretos en el terreno de la orientación ética y espiritual ; y desarrollar estrategias de remediación en temas específicos tan claves como la sanación, la instauración de culturas de paz y la salvaguardia y protección del vital Orden Natural – temas ampliamente y detalladamente tratados en nuestras deliberaciones.
A la luz de todo lo anterior, proponemos el siguiente “Plan de Acción”, para ser ventilado o detallado en forma más exhaustiva por todos -y según las circunstancias propias de cada quien y sus respectivas comunidades:

1. En materia de Difusión y Comunicación
Divulgar ampliamente como testimonio orientador al “Espíritu de Tabor/Huarochiri”; con toda la riqueza de lo vivido y
logrado en este Encuentro-Retiro a fin de fomentar su replicación nacional o regional, de cara a su más amplia y
universal realización e implementación futura, y considerando que el referido encuentro es apenas el inicio de un proceso de muchas más manifestaciones que, con nuevos aportes, han de escenificarse en todo nuestro continente.
Por lo cual, siendo todo lo vivido y deliberado en nuestro encuentro algo difícil de encapsular a través de lo mero
escrito, se acordó también la elaboración de un audiovisual reseñador como complemento del registro escrito.
Y asimismo las siguientes medidas:
i) hacer disponible un apropiado” informe y reseña o acta
resumida más detallada” de las principales
deliberaciones y acuerdos, así como de la auspiciosa y
productiva “metodología” seguida por el Encuentro;
ii) redactar una posterior “publicación de contribuciones
escritas individuales” de parte de los asistentes;
iii) abrir algún espacio comunicacional en la web (un blog,
una página web, redes sociales –o todos ellos);
iv) invitar a las personas interesadas a sumarse a esta
iniciativa y difundirla en grupos sociales, ONGs,
conferencias episcopales, iglesias, movimientos de
jóvenes, asociaciones, confederaciones indígenas, etc.;
v) invitar los grupos ya muy activos en el discernimiento
de la “teología india, a que incorporen más en sus
dinámicas a conocedores calificados de los pueblos 7
originarios, no solamente desde un punto de vista
“pastoral” sino también desde campos como el de la
sanación, la defensa del ambiente, las culturas de paz, el
arte, etc., en un más abierto “diálogo de tú a tú”, a fin de
conjuntamente esclarecer un más provechoso y
respetuoso enriquecimiento mutuo.

2. En materia de Sanación
Ambas espiritualidades pueden y deben hacer valer su gran riqueza sanadora, especialmente en cuanto a lo emocional y
mental en lo cual se originan en definitiva la mayor parte de las enfermedades; y en lo cual conservan relevantes recursos terapéuticos, inclusive el campo de la “expurgación o liberación espiritual” donde ambas poseen herramientas de larga y comprobada eficacia. Las espiritualidades indígenas mantienen un patrimonio particularmente vivo y eficaz, habida cuenta de su más estrecho relacionamiento con el pródigo mundo natural en sus diferentes dimensiones, del cual proceden tantos incontables recursos, así como por su pericia ancestral en su adecuado uso terapéutico. Desde la curación física hasta la exploración más sofisticada de la consciencia, ofrecen una experiencia milenaria, en riesgo de desaparición, que amerita ser salvaguardada y revalorada en toda su amplitud.Por otro lado, la espiritualidad cristiana debería rescatar más su dimensión de encarnación en la sanación en “el aquí y el ahora” -frente al sobre énfasis en una, a veces demasiado abstracta, “salvación a futuro”; a fin de reivindicar u honrar más el primigenio y prodigioso “ministerio sanador cristiano”patente en las enseñanzas de Jesús; incluyendo los sacramentos, el ayuno, la oración, y procedimientos de liberación espiritual a fin que la fuente cristiana vuelva a ser más relevante no sólo en cuanto en cuanto a la remediación de “los males del alma y del espíritu” sino también “los del cuerpo”. La responsable reapropiación de la dimensión del cuerpo en la con-celebración a través de la danza, la música, y
otras, así como las manifestaciones pervivientes de la religiosidad y fervor popular, muchas veces despreciadas,
devienen hoy en imperativos.
En tal contexto, cabe educar mucho más a nuestras comunidades y poblaciones para evitar caer en la ilusión de
“panaceas curativas”, descartar la mentalidad sectaria, prevenir el mercantilismo de la salud -como él que con
frecuencia se alienta en la super-especializada medicina moderna. Así como prevenir la gran distorsión de la
comercialización misma de las espiritualidades como productos nuevos en el gran y difuso “mercado moderno”.
Ambas espiritualidades deben fomentar también el cuidado de los vitales aspectos sanadores, curadores y preventivos de la salud –en el sentido de concebir a ésta como todo un estilo de vida sano; incluyendo los apropiados hábitos de depuración y descanso, el uso de remedios no tóxicos (preferiblemente naturales y sin adversos efectos secundarios), una alimentación apropiada (ésta hoy muy degenerada –sobre todo en cuanto a la llamada “comida chatarra industrial
moderna”, o al desmedido uso de agroquímicos y de los abusos del intervencionismo transgénico), la preservación y
libre acceso al agua y aire que consumimos, y finalmente –y siempre como lo mas clave- el cultivo y transmisión de
adecuados valores y sentimientos éticos y espirituales.

Se requiere sanar nuestra desconexión familiar, comunitaria y con la Naturaleza. La forma de vida moderna, su hiper
alineación tecnológica racionalista, su proyección adictiva a lo virtual, y las tendencias a la concentración urbana, generan una pérdida de contacto con lo original, con lo simple, con el vínculo humano directo, con la sabiduría y fuente de regeneración que existen en el contacto con la Naturaleza -como lo revela el instintivo apelativo de Madre-Tierra o Pachamama.
La homogenización e indiferenciación representan un adversario común de ambas espiritualidades. Sin embargo,
dentro del fenómeno de la globalización consideramos que se puede incorporar tecnología moderna para reaprender a crear y criar vida, y fomentar una ecología sustentable, rescatando a su vez la sabiduría y tecnología de los pueblos originarios, evitando así para ellos una sobre-adaptación inadecuada al modelo social occidental en sus modalidades
compulsivamente uniformizantes, represivas, e inoperantes para la Vida y el Bien Común.
La sanación necesaria de la Memoria no debe implicar ser presos de ella ni caer en una sobre-victimización
inconveniente. Para ello se recomienda reconocer y recurrir a la potencialidad de los ritos y rituales de ambas
espiritualidades; a fin de reparar, perdonar, cicatrizar heridas, restaurar y reconciliar; aplicando esos recursos tanto a nivel individual como colectivo.
Del mismo modo, necesitamos sanar el desequilibrio contemporáneo en la relación hombre-mujer, o lo masculino-femenino, para lo cual vendría bien rescatar la noción de un Creador no sólo como “Padre” sino también como “PadreMadre” -aunque sepamos que en el fondo se trata de una rectoría que está mucho más allá de eso.

En cuanto al fomento de Culturas de Paz Debemos comenzar por estar claros que la violencia no reside sólo en el maltrato físico, sino también en la agresión “en pensamiento, palabra y obra” -como lo dicen ambas espiritualidades – y en protección o respeto de la integridad de individuos, grupos y todos los seres vivos de la Creación. Sobre ello, cabe rescatar los venerables y probados métodos de resolución pacífica de conflictos presentes en ambas espiritualidades, tanto los consensuales deliberativos de las 10 culturas indígenas como los procesos reconciliadores de la cultura cristiana.
En ello son de interés legados ejemplares como los la “Ley de la Paz” de la confederación iroquesa en el hoy EEUU -la cual a su vez influenció mucho a los fundadores de dicho país para la elaboración de su emblemática Declaración de
Independencia; la propuesta del Suma Kausay; la “Carta del Cacique Seattle”; y legados como el de Martin Luther King y Mandela, a fin de contribuir a una justa pacificación de naciones bajo explosivos conflictos políticos de corte
cultural/racial; desde una óptica cristiana o indígena -y por cierto enfatizando más los “deberes” que los “derechos”. Desde esos modelos se afirma la necesidad de construir la paz sin un “sobre-énfasis” en “la memoria de las heridas”; tal como lo destacó Nelson Mandela, quien, para la reconstrucción de Sudáfrica, no se quedó sólo en “las heridas o resentimientos del pasado” sino que se centró en “las posibilidades y promesas del presente” como punto de partida fresco desde el cual parir juntos nuevas oportunidades para construir el futuro.
La Paz – palabra cuya traducción no existe en algunas lenguas indígenas –ha de concebirse en verdad como una dinámica
permanente, en movimiento, y no una situación estática que sea resultado y fin de un proceso: es el medio y el camino.
Implica por tanto asumir constructivamente los conflictos, a fin de enfatizar los intereses comunes y la enriquecedora “Unidad en la Diversidad”, resolviéndolos a través de medios no violentos. De esa forma debemos estar alerta contra las actuales tendencias uniformizantes y homogeneizantes -ya que la paz verdadera se construye desde el reconocimiento saludable de las diferencias en la perspectiva de la “Unidad y Complementariedad” que nos son naturales y comunes.Subrayamos que sin paz interior, justicia y beneplácito divino,
no podrá haber nunca paz exterior. Tampoco sin un reconocimiento de los territorios indígenas, su libertad, la 11
defensa para todos del acceso libre y responsable a los bosques, suelos, agua y un aire puro; y la promoción de los
derechos de los pueblos originarios con sus deberes respectivos.

En materia de Protección del Ambiente
Pasamos revista con gran preocupación a la muy grave y apremiante problemática de deterioro que enfrentan todos los
principales ambientes naturales del continente, incluyendo la emblemática y vital Amazonía, emporio para la vida y el
equilibrio no sólo de nuestro continente sino también de todo el Planeta. Tal problemática se presenta en virtud de flagelos como el asolador crecimiento de todas las industrias extractivas calamitosamente depredadoras del ambiente (gran y pequeña minería, extracción petrolera y de gas; explotación y tráfico madereros; grandes represas, abuso de agro-químicos;monocultivos exterminadores de la biodiversidad; vías de penetración en delicados espacios naturales; actividad pecuaria a gran escala; acción depredadora de mafias y grupos paramilitares; producción, procesamiento y tráfico de drogas;etc.); y bajo regímenes de “derecha” o de “izquierda” por igual. Todo ello genera un creciente acorralamiento y extinción de las valiosas culturas originarias custodias o sabias usufructuarias para un desarrollo sustentable de la biodiversidad -como por ejemplo con sabidurías como el “aprovechamiento de los bosques en pie” – y constituye una pérdida para toda la Humanidad y La Creación.
Llamamos por tanto a la constitución de un amplio frente de cristianos e indígenas para luchar por la salvación del
ambiente natural; sin el cual toda vida – incluyendo no sólo la humana sino la de todas las otras criaturas a quienes también debemos ver como nuestras hermanas con amor y responsabilidad – está en peligro! Parte de lo cual debe ser el
establecimiento de una “red de alerta y comunicación temprana” en el Continente para la detección y prevención
oportuna de los desmanes ambientales más críticos. También llamamos al urgente aumento de la educación y
capacitación para la formulación de un nuevo estilo de vida y civilización, de respeto al ambiente; en sustentabilidad, fraternidad y responsabilidad –en base a un compromiso de cambio personal, comunitario y social; donde deben terminar de darse la mano los habitantes del campo y de las riesgosamente dependientes ciudades (ya que se trata de una problemática concatenada). Somos llamados a ser custodios y cuidadores de La Creación
y no sus dueños o explotadores – en errada, estrecha e irresponsable visión humano-céntrica -la cual debe ser
suplantada por una visión más holística, cosmo-céntrica y responsable. Por lo que invitamos a ejercer una mayor presión sobre las políticas públicas, gobiernos y empresas o emprendedores económicos; a fin de que ellos asuman una
mucho mayor responsabilidad y ética en cuanto al tema ecológico -tanto en sus dimensiones ambientales como
sociales.
Con esta perspectiva, todos los participantes dimos bienvenida con gran beneplácito a la importante Encíclica sobre Ecología Integral -incluyendo también lo ético-espiritual y social – del Papa Francisco. Dicho gran pronunciamiento, además de saldar una vieja e importante mora del catolicismo /cristianismo con el Tema, así como reivindicar la lucha
pionera de muchos años de ambientalistas, indígenas y cristianos comprometidos, viene a dar un gran alentador
aliento a dichas luchas y una mayor amplitud a su consideración universal.

En cuanto a otras posibles medidas se propone:
i. replicar retiros o encuentros de unidad y búsqueda de convergencia indígena/cristiana similares al nuestro, a nivel de los países o subregiones del continente;
ii. programar, en aporte a las mencionadas causas, cadenas de oración conjunta o incluso iniciativas de ayunos
purificadores o solidarios en forma ad hoc o periódica, a nivel continental o en nuestros lugares de origen;
iii. realizar actos espirituales y religiosos coordinados entre los asistentes y sus comunidades cuando aparezcan situaciones de amenaza o riesgo para la integridad de éstas o de la Naturaleza;
iv. prever la convocatoria de peregrinaciones/caminatas conjuntas solidarias, difusoras y testimoniales, a nivel
continental, subregional o nacional, en aras de las mencionadas causas
v. fomentar visitas recíprocas a connotados centros de sanación o “lugares sagrados”, dirigidas por calificados
participantes.
vi. fortalecer a nivel interreligioso o inter-espiritual una reflexión teológica que piense seriamente el problema de la salvación y la revelación de Dios a partir de una “Teología de la Creación”, teología natural o teología de la
Naturaleza; de una revisión provechosa del mejor lenguaje y modos de pensar en nuestras comunidades; y del estudio
comparativo de textos bíblicos con textos, mitos y tradiciones orales de los pueblos originarios;
vii. incorporar estudios y estudiosos, independientemente de su creencias, y sabios tradicionales y científicos competentes (p.e. en astrofísica, física cuántica, medicina biológica, neurociencias, etc.) como clave para un mejor
entendimiento/ interpretación de los fenómenos observables en la práctica de ambas espiritualidades
viii. fomentar espacios de reconexión de lo sagrado para la juventud mediante el redescubrimiento de las prácticas
espirituales contemplativas cristianas reconectadas con la tradición mística y la reactivación de procesos iniciáticos tradicionales indígenas; a fin de responsable y calificadamente hacerlos del conocimiento de individuos y
comunidades aptos para recibirlos.
Constatamos y subrayamos la constante y estrecha interconexión entre los tres grandes temas tratados (Sanación, Culturas de Paz y Ambiente), destacando a fin de cuentas, como lo más clave de todo, que no podrá haber sanación si no reparamos nuestra espiritualidad mediante una reconexión con una sacralidad viva y una espiritualidad en concordancia con la Voluntad Divina, que mueva, transforme y vuelva a dar sentido a
nuestras vidas.

Tabor/Huarochiri 9.7.2015
dialogocrisindigena@gmail.c

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