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Diario NORTE

EDITORIAL

Resistencia, 9 de julio 2004


 PROTEGER E IMPULSAR LA EDUCACION ABORIGEN

La decisión del gobierno nacional de avanzar en la conformación de una red de educación intercultural bilingüe, que en 2005 integre a la mayoría de las escuelas a las que asisten chicos aborígenes en todo el país, representa un decisivo paso en favor de la integración con las comunidades indígenas, cuya incidencia socio-cultural lograda en el Chaco constituye una de las experiencias más profundas de la Argentina en este sentido.

El valioso objetivo de ampliar el número de escuelas bilingües, propuesto por el Ministerio de Educación de la Nación, es que en esta red nacional educativa intercultural participen al menos, el año próximo, 1000 de los 2600 establecimientos educativos de todo el país a los que hoy asisten niños aborígenes (1700 corresponden al nivel EGB y el resto al polimodal), para que no sólo reciban la educación en español sino también en la lengua de sus respectivas comunidades de procedencia.

Se trata de un derecho esencial de los pueblos indígenas que no siempre es respetado, ya que usualmente las clases en estas escuelas sólo son dictadas en la lengua española, incomprensible en muchos casos para los niños aborígenes. Es en este lamentable contexto educativo en el que se incrementan los índices de fracaso y deserción escolar de este sector de la población, en medio de profundas dificultades áulicas que incluso repercuten en la esfera socio-cultural.

Actualmente, más de 20.000 alumnos asisten a únicamente 107 escuelas de enseñanza bilingüe en todo el país, de los cuales unos 5.000 serían aborígenes: esta cifra no es precisa y sólo fue estimada por el gobierno en base al número de becas estudiantiles otorgadas, por lo que también resulta imprescindible su exactitud estadística, como aporte a una política estatal de educación bilingüe integradora e inclusiva.

De las 107 escuelas que contemplan la enseñanza conjunta de la lengua "oficial" y de la de los pueblos originarios, la mayor cantidad está concentrada precisamente en el Chaco y Formosa, aunque también existen establecimientos en Salta, Jujuy, San Juan, Neuquén, Misiones y Santa Fe. Las lenguas con mayor presencia son, entre otras, la wichí y la toba (ambas pertenecientes a dos de las tres etnias chaqueñas).

El Chaco y Formosa son, además, las dos provincias pioneras del país en la creación de institutos de formación docente con modalidad bilingüe: en Sáenz Peña funciona el Centro de Investigación y Formación para la Modalidad Aborigen (CIFMA), de donde egresan los llamados maestros interculturales, capaces de integrar en un aula a las dos culturas en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Inclusive la mayoría de los docentes son aborígenes que, tras completar su formación, regresan a dictar clases en las escuelas más cercanas a sus comunidades.

Sin embargo, la mayoría de los alumnos aborígenes que participa en este tipo de experiencias debe enfrentar, lamentablemente, severas dificultades que el Estado debe corregir: aún egresan pocos maestros bilingües, es notoria la falta de bibliografía y también aún se perciben deplorables y lastimosas actitudes de discriminación hacia la tarea docente aborigen y en la transmisión de conocimientos y valores hacia los propios chicos indígenas, como lo reveló recientemente una denuncia periodística nacional en la región chaqueña de El Impenetrable.

En este contexto de numerosas desigualdades educativas y sociales, la iniciativa del gobierno nacional para incrementar el número de escuelas bilingües contribuye a la profundización de las políticas de integración cultural que la Argentina necesita instrumentar. Desde el gobierno chaqueño, asimismo, también resulta valiosa la decisión de acompañar estas medidas especialmente a partir de los próximos meses, para cuando se aguarda la visita del ministro nacional de Educación, Daniel Filmus, para evaluar el desarrollo de este proceso.

La creación de más establecimientos educativos con esta modalidad intercultural representa, además, una valiosa apertura hacia mayores posibilidades no sólo escolares sino también de desarrollo personal y comunitario de los pueblos aborígenes, históricamente sometidos a políticas estatales en general desfavorables hacia la preservación de sus milenarias culturas y tradiciones.

La educación, precisamente, desarrolla un rol fundamental en la protección de estas expresiones de identidad aborigen, de las cuales la lengua originaria es una de sus variantes. De este modo, además, el proceso educativo logrará por sí mismo la reducción de actitudes discriminatorias hacia los alumnos aborígenes.

El impulso de políticas educativas que favorezcan a las comunidades aborígenes representa, indudablemente, una superación cultural para la misma sociedad argentina, a partir de la revalorización de la diversidad de sus pueblos constitutivos y de su más inmediato efecto: la disminución de la desigualdad, irritante en extremo cuando se trata de posibilidades de acceso a la educación.

© DIARIO NORTE

 

 

 
 
   
   
   
   
   
   
 
 

 

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