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IV
ENCUENTRO TALLER DE TEOLOGIA INDIA
“En
busca de la tierra sin mal”
Asunción, Paraguay 6 al 10 de mayo de 2002

MENSAJE FINAL
1. Desde donde sale el sol hasta donde se oculta, desde el río Bravo
hasta la Tierra del Fuego, enviados por nuestras comunidades y apoyados
por nuestros pastores, nosotras y nosotros, indígenas descendientes de
los habitantes originarios dueños de estas tierras, entregadas por
nuestra Madre-Padre Dios a nuestros pueblos, entrelazadas nuestras manos
y nuestros corazones, nos hemos reunido en torno al mismo fuego-viento
del Espíritu, para juntar nuestra palabra en busca de la Tierra sin
Mal.
2. En este 4º. Encuentro Taller Ecuménico
Latinoamericano de Teología India, la Tierra sin Mal es el sueño que
siempre nos ha dado vida, nos ha puesto de pie, nos ha hecho caminar,
nos ha permitido unir nuestros pasos, nuestros brazos, nuestra palabra,
nuestra fe y nuestra solidaridad.
3. En este caminar somos pueblos con raíces milenarias,
descendientes de mujeres y hombres sabios, constructores de paz y de
justicia, nosotras y nosotros, retoños y rostros de Dios, hijas e hijos
de los pueblos Ava Guaraní, Guaraní, Guaraní Kayowá, Nivaclé,
Ayoreo, Awá, Chamacoco, Mby'a, Tzotzil, Tzeltal, Rarámuri, Chamula,
Mayo, Maya, Mixteco, Náhuatl, Zapoteco, Qhechua, Kichua, Pastos, Toba
Maskoy, Moxos, Guarayo, Toba, Pilagá, Wichí, Kolla, Mapuche,
Sateré-Mawe, Tariano, Aymara, Cocama, Wanano, Satere Manes, Guana,
Tariano, Puhe'pecha, Maskoy, Guancé, Nasa-Paeces, Emberá, Maytapú,
K'iche', Kaqchik'el, Q'eqchi, llegamos a estas tierras de los pueblos
guaraníes, convocados a la búsqueda de la Tierra sin Mal, iniciamos
nuestro encuentro pidiendo permiso a quien es Dueña-Dueño de la
tierra, para pronunciar nuestra palabra en su presencia, junto con la
Palabra Antigua que hemos escuchado de nuestras abuelas y abuelos sobre
el sentido de la muerte y el valor de la vida.
4. Somos hijas e hijos de Tierra, por eso tenemos su
color, somos la gente de la cara pintada, del tambor y del penacho;
somos de los pueblos que juntan su palabra y fortalecen su corazón en
torno al fuego, presencia iluminadora y cálida del
Corazón-del-Cielo-Corazón-de-la-Tierra.
5. En estos días hemos vivenciado profundamente nuestra
espiritualidad indígena, convidados por las celebraciones de los
pueblos guaraníes, de nuestras hermanas y hermanos de la Zona del Cono
Sur, de la Región Andina, de las Tierras Amazónicas y de Mesoamérica,
saludando al Padre Sol, respetando y besando a la Madre Tierra,
purificando nuestra mente y dignificando nuestro corazón, para
pronunciar dignamente la palabra teológica de nuestros pueblos sobre
quien es Madre-Padre de la vida.
6. La Palabra Antigua, palabra de nuestros antepasados,
que nos acompaña en el presente, el mito, es una palabra cargada de
sueños y esperanzas, que orienta el caminar de nuestros pueblos a la
Tierra sin Mal, a la Tierra Florida. De la tierra nos viene el alimento,
de ella brotan las yerbitas que nos curan, de ella brota el agua que nos
da la vida, ella es la Madre de los árboles y de las piedras y de la
humanidad y de todos los seres. Según nuestras tradiciones, lo que nos
da la Tierra está destinado a toda la humanidad, en una economía de
reciprocidad.
7. La tierra, esta Casa Grande de todos los pueblos de
la humanidad, está siendo amenazada, desacralizada y convertida en
mercancía, por el pensamiento neoliberal con el que se la daña,
contaminando las aguas y los vientos, arrazando bosques, selvas,
montañas y a la misma humanidad.
8. Son varias las amenazas que ponen piedras y abren
zanjas bajo el caminar de nuestros pueblos. Los malos gobiernos y los
poderes de este mundo han hundido a nuestros pueblos en el hambre, la
enfermedad, la miseria, han desfigurado nuestros rostros y pervertido
nuestros corazones. Este sistema deshumanizante toma distintos rostros
agradables y apetecibles, para desviarnos de las huellas que indican el
rumbo que nos conduce a la Tierra sin Males. Este sistema es como una
zorra que astutamente oculta sus intereses para engañarnos.
9. Las instituciones y organismos del neoliberalismo,
que trafican y desvían los bienes que la Madre Tierra destinó a la
humanidad, como una serpiente maligna, quieren tragarse el futuro,
presente en las niñas y los niños, en las mujeres y los hombres, en
las ancianas y los ancianos, poniéndolos en otro estilo de vida,
apartado de nuestros pueblos, vacío de valores.
10. Somos conscientes del aporte y beneficio de quienes
no son indígenas que tienen los mismos anhelos de futuro de nuestros
pueblos, y aportan lo mejor de su ser y su sabiduría a fin de cultivar
con nosotras y nosotros una Tierra sin Males. Ellas y ellos ciertamente
son nuestros mejores aliados.
11. Nuestros mitos nos hablan de las luchas entre el
bien y el mal que se producen en nuestras comunidades y dentro de
nosotras y nosotros mismos; pero además la Palabra Antigua nos enseña
a encontrar estrategias que frenen, encaucen o desvíen todo lo que es
maligno para la humanidad.
12. Este encuentro, que se ha distinguido por la
presencia activa de muchas lenguas, culturas, espiritualidades y
sueños, nos ha mostrado que es posible la unidad de los pueblos; que
sí se pueden juntar nuestras creencias en celebraciones ecuménicas que
incluyen las diversidades. En este encuentro hemos podido articular
nuestros cantos y nuestros esfuerzos comunitarios para seguir tejiendo
nuestras historias y continuar caminando juntos por un mañana de vida
más plena.
13. Los y las indígenas debemos apropiarnos de las
herramientas del sistema. Después de quinientos años de exclusión,
para construir nuestro futuro, hemos ido aprendiendo a discernir lo que
produce muerte y lo que da vida a nuestros pueblos. Reafirmamos la
fiesta como el espacio sagrado y el tiempo divino que nos reconcilia,
nos hermana y vivifica nuestro compartir.
14. Nuestros mitos nos recuerdan que usando y
desarrollando nuestro idioma acrecentamos nuestros saberes, guiados
siempre por los consejos de las ancianas y los ancianos. Con un diálogo
fraterno y respetuoso, y con nuestro ejemplo, debemos recuperar a
nuestros líderes que han sido cautivados por las seducciones del
neoliberalismo e invitarles a escuchar nuevamente la voz de sus pueblos,
de sus comunidades, de las asambleas, de los consejos de las ancianas y
los ancianos.
15. Dios Madre-Padre, Abuelo-Abuela sembró en estas
tierras a nuestros pueblos para hacernos florecer. También nosotros
cuando sembramos las flores, sembramos la sabiduría ancestral de
nuestros pueblos, porque es en la Tierra Florida donde los seres humanos
dignificamos nuestras personas, ennoblecemos nuestros corazones; es en
esta Tierra Florida donde toda la creación y todos los seres se vuelven
preciosos, hermosos, relucientes, verdaderos, abundantes y vivificantes.
16. Reconocemos y agradecemos a quienes fieles a su fe y
a la palabra de sus Iglesias, acompañan solidariamente nuestro caminar
hacia la Tierra Nueva y los Cielos Nuevos.
17. Las y los indígenas manifestamos que el Dios de
Jesucristo ha estado presente y ha actuado en nuestras culturas desde
siempre. Después nos fue anunciado en el Evangelio. Con él, y con
nuestros mártires que dieron la vida por nuestros pueblos, vamos por el
camino y en la búsqueda de la Tierra sin Males.
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CONCLUSIONES
Propuestas de futuro Estas conclusiones son producto de la reflexión
hecha en grupos y en plenarias sobre los mitos presentados y analizados
en este IV Encuentro de Teología india: el de Xeng - Xeng y Kai - kai
(Mapuche), el del hermano pobre y del hermano rico (Andino), el de la
serpiente devoradora de niños (Mesoamericano), el de la hija de
Fitsocoyich (Nivaclé), el los Gemelos en busca la Tierra sin mal
(Guaraní)
Compromisos que debemos asumir las comunidades indígenas: En primer
lugar habrá que revalorar la importancia de la lucha espiritual,
simbólica y ritual de nuestros pueblos. Ahí se encuentra nuestra
fuerza mayor. Debemos recuperar lo perdido, restaurar nuestros proyectos
de vida con sus valores fundamentales, recordar los mitos, celebrar y
reforzar los ritos, dar su lugar a las ancianas y ancianos, a las sabias
y sabios, poseedores de la sabiduría de nuestros pueblos; la
importancia de la fiesta. Dios nos ha sembrado en la tierra donde
estamos, florezcamos y demos frutos ahí; trabajemos con la fuerza de
Dios.
Los indígenas estamos enfermos por el sistema que nos envuelve;
curémonos volviendo a nuestras fuentes, a las cosas propias; no nos
dejemos manipular por los mitos que hay en el mundo moderno.
Hagamos que nuestros líderes religiosos y nuestras autoridades
tradicionales oigan la voz del pueblo y no la voz de la serpiente
devoradora de niños.
Debemos convocar encuentros de pueblos y comunidades a distintos
niveles: local, regional, continental. Busquemos la solidaridad entre
pueblos indígenas y demás pobres. Solos y separados no podemos vencer
las fuerzas de mal; unidos lograremos triunfar. La manera de hacer la
teología india es parte de la lucha amplia de nuestros pueblos.
Lo que hay que hacer para el futuro está bien claro en los mitos;
los cómos también se hallan ahí, pero deben ser concretizados y
actualizados ante las amenazas en las coyunturas históricas.
El reconocimiento de nuestra dignidad será la base indispensable
para defenderla ante los demás. Reafirmemos nuestro orgullo de ser
indígenas, conociendo nuestra sabiduría y viviendo nuestra
espiritualidad. Creamos en nosotros mismos
Una tarea importante es que los mayores nos enseñen la sabiduría
del pueblo a las nuevas generaciones. Y que nosotros aportemos a ella
desarrollando nuevas herramientas de conocimiento.
Otra tarea es nuestra capacitación constante y la capacitación de
nuestros líderes para que nos sepan guiar hacia la tierra sin mal,
defender nuestros derechos ante los gobiernos y fuerzas del exterior y
abrir espacios de participación en los niveles de decisión política.
La lucha indígena es larga porque se trata de la lucha permanente
entre el bien y el mal. Debemos tener paciencia histórica, mantenernos
en pie de lucha apoyando sobre todo a los miembros más débiles de
nuestras comunidades: los jóvenes y niños, los ancianos, los enfermos,
los más necesitados.
Para llegar a la Tierra sin mal necesitamos la colaboración de las
Iglesias y de la gente no indígena. Las iglesias pueden ser factores
del desarrollo integral de nuestros pueblos. Los no indígenas que se
hacen solidarios de la causa indígena nos pueden ayudar para
capacitarnos en las leyes y modos de vidas de la sociedad envolvente,
pero debemos discernir también sus intenciones, porque el mal puede
utilizarlos para engañarnos.
En la lucha echamos mano críticamente de las mismas herramientas de
la modernidad, pero con nuestra lógica; seamos astutos y sagaces. Hay
cosas buenas que vienen de exterior y nos pueden ayudar a vencer el mal.
Consigamos la solidaridad de los amigos de la causa indígena.
Enriquezcamos y purifiquemos la vivencia concreta de la fe cristiana,
ayudando a nuestras iglesias a reconocer con humildad sus limitaciones
en el uso del poder, y a ofrecer un testimonio más claro y creíble del
Evangelio, con cuyo poder podemos vencer el mal y alcanzar la Tierra sin
mal también como vida en abundancia prometida en el evangelio liberador
de nuestro Señor Jesucristo. La promoción humana integral de los
pueblos indígenas debe ser parte fundamental de la tarea evangelizadora
de nuestras iglesias.
¡Por algo estamos vivos, por algo nos hemos reunido aquí, por algo
hemos juntado nuestras palabras! Dios está con nosotros. Ciertamente
llegaremos a la tierra sin mal.
Ykua Sati, Asunción, Paraguay, 10 de mayo del 2002.
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