julio 9, 2019

“Fuimos los convencionales de pasillo”

Entrevista a Celestina Ávalos

Celestina Ávalos pertenece al Pueblo Kolla, vive en la Comunidad de Finca Tumbaya Grande y se desempeña en áreas educativas, gastronómicas y turísticas, todas relacionadas a su cultura. A los 23 años viajó a Santa Fe, para ser parte de la Reforma Constitucional de 1994, en la que se introdujeron los Derechos Indígenas a través de la incorporación del Inciso 17 en el Artículo 75; permaneciendo durante tres meses en Sauce Viejo.

Durante veinte años lideró campañas por la recuperación del Territorio, colaboró en la elaboración de la Ley de educación 26.206 y luego en la de la provincia de Jujuy. Contribuyó a la incorporación al sistema educativo los primeros yachachej y oporomboe, maestros idóneos de la lengua y cultura Indígena. Además trabajó en la conformación del Consejo Educativo de los Pueblos Indígenas.

 

¿Cómo vivían los momentos anteriores a la reforma constitucional del año 1994?

Anteriormente a la reforma, participaba en la parroquia y en la Pastoral Aborigen. En ese entonces estaban los padres del Verbo Divino; con ellos empecé a trabajar la cuestión relacionada a los derechos de nuestros Pueblos. Así que tuvimos un trabajo previo antes de ir a la reforma. De Tumbaya fuimos Pablo Galián y yo.

 

¿Cuáles eran las expectativas previas a participar de este acontecimiento?

Veníamos trabajando para establecer nuestros objetivos y teníamos clara la necesidad de cambiar ese artículo de la Constitución de 1853, con el que no estábamos para nada de acuerdo. Sabíamos muy bien que queríamos que nos reconozcan como Pueblos preexistentes a la conformación del Estado.

Lo que me llevó, además, a participar de la reforma siendo muy joven, fue el hecho de vivir dentro de un sistema arrendatario ya que no teníamos el territorio asegurado. Esa circunstancia me llevó a estar presente en lo que fue la reforma.

 

A partir de su vivencia en Santa Fe, ¿Qué significó ese proceso?

Hoy valoro muchísimo haber estado en ese espacio, fue lo máximo que pude lograr como persona, y poder contribuir a cambiar una realidad difícil para los Pueblos Indígenas. Recuerdo que nos denominaban “los convencionales de pasillo”. Es un concepto que hasta el día de hoy lo recuerdo mucho y me produce mucha emoción.

Aprecio haber estado todos los días con mis hermanos en esos pasillos tan fríos, acompañando permanentemente las actividades que se desarrollaban, estando pendientes de lo que se publicaba.

 

¿Tuvieron incertidumbre con respecto a la decisión final?

Nosotros teníamos mucha fe, sabíamos que íbamos a lograrlo. Esa fuerza y ánimo que teníamos hizo que todo transcurriera por ese camino y que el cambio llegue a todos los Pueblos Originarios que viven en la Nación Argentina. Todavía recuerdo cuando escuchamos a Elva Roulet leer el pronunciamiento de lo que nosotros pedíamos y un hermano en paralelo agradecía ese momento.

Recuerdo con mucho cariño a Mabel Quinteros y a tantas personas que han estado con nosotros continuamente y que nos brindaban aliento en todo momento.

 

¿Qué sintió en el momento en que se incorporaba el Inciso 17 del Artículo 75?

Fueron muchas sensaciones, mucha alegría; una alegría tan profunda que nace desde el alma. Las lágrimas brotaban y el corazón parecía que iba a estallar. El hecho de estar todos juntos y sentirnos hermanados por un propósito común y que se logó, no tiene palabras. Fue una emoción muy fuerte.

 

Mirando en retrospectiva y a poco de cumplirse los 25 años, ¿Qué aspectos considera que faltan desarrollar para conseguir la real aplicación de los derechos Indígenas?

Justamente uno de los objetivos que nos habíamos planteado antes de viajar, era determinar qué íbamos a hacer después de conseguir que nos reconozcan. En mi caso, tenía dos proyectos de trabajo; uno en educación y otro relacionado al territorio. Hoy podemos decir que está la ley, nos reconocen, pero siempre falta.

La ley está escrita en un papel, pero en la práctica no es tan fácil. En la vida cotidiana vemos que no nos reconocen muchas veces como Pueblos preexistentes, no nos reconocen el territorio, tampoco nuestros recursos.

A 25 años, nosotros todavía seguimos luchando. Muchas veces nos preguntamos ¿hasta cuándo?

Son pasos que se han dado, pero aún falta mucho camino y sobre todo que existan decisiones políticas. El tema de derecho Indígena, todavía sigue ausente en la agenda política del Estado.

El hecho de seguir trabajando en las Comunidades para mí es una opción de vida, amo lo que hago desde los lugares que me toca estar. Seguir visibilizando a nuestras Comunidades es un privilegio enorme.

 

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