agosto 17, 2018

José de San Martín: Un general americano y un americano general

(Prensa ENDEPA). José de San Martín nació en Yapeyú, que antes de que  Corrientes moviera  su  frontera provincial  hacia el norte, más allá del Miriñay, formaba  parte de Misiones.

Tenía  34 años cuando pidió  la baja  por  razones personales del Ejército español para  jugarse  la  vida  por   la libertad  de  su patria de nacimiento, esa que había dejado a  los  nueve años y a  la  que volvía 28 años después.  A los 7 se fue de  Misiones, pasó 2  años  en  Buenos Aires y luego se trasladó a España con su  familia, nunca estuvo en Corrientes.
¿Vale  la pena traer aquí  la  teoría  de  Chumbita sobre   su  madre  guaraní?, puede que si, en tanto queramos  hacer un parangón  con otro grande de la historia  latinoamericana.
El Che, no nació en  Misiones , pero   Caraguatay  fue  su cuna y también  podría tener  sangre guaraní.
Según el genealogista Narciso Binayán Carmona, era descendiente del conquistador español Domingo Martínez de Irala (1509-1556) y Leonor “Iboty-I Yu” Moquiracé, indígena guaraní que fue criada e integrante del harén personal de Irala.
San Martín pidió la baja  del  Ejército español para  cruzar el mar y combatirlo. ¿Podemos  cuestionar  su decisión?  ¿Medio continente  lo señalará con el  dedo acusador por ello? ¿Por perseguir  sus  ilusiones? Sin duda no.
Setenta y dos años  después  muere en Francia, crisol donde  se fundió  la libertad  de  un mundo  entero,  allí donde durante 1804 y 1805 Napoleón Bonaparte, su enemigo  mientras estaba en el EjÉrcito español, reunió a la Grande Armée para invadir a  Inglaterra, sueño perdido  después de la  pesadilla de Trafalgar.
La historia oficial se niega a recordar que ese  hombre que  combatió  con  el  Ejército español, aquel en  el que se formó, de igual a igual, con  sus mismas tácticas de combate europeas, fue profundamente indigenista. Que aplaudió a Güemes por sus Infernales y  le ordenó protegerle las espaldas con sus  guerrillas de  gauchos, esos que eran mestizos o  simplemente indígenas y que  nada sabían de  tácticas  del  viejo  mundo  para vencer a un  enemigo, pero lo hicieron. Fueron las primeras  guerrillas de  esta  tierra morena.
El creador del  Cuerpo de Granaderos a Caballo, reconociendo  a quienes  tenían  más  antigua  formación militar y que   habían defendido a  Buenos Aires  en otra oportunidad, que además era la  gente  junto  a  la que se crió, solicitó 300 jinetes guaraníes como  base de su fuerza  militar.
Ese  General que no solo pidió permiso para  cruzar territorio indígena, mucho antes que  existiera  la  consulta obligatoria, previa, libre  e informada de la Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos Indigenas, aquel que  dijo  “Yo también soy indio” cuando  la  discriminación era  ley; el que junto con  el Brigadier General Doctor Manuel Belgrano reconoció la preexistencia antes que   el articulo 75 inc. 17 de nuestra Constitución  Nacional  – sin cumplirse 24 años después de la REFORMA-;  aquel que  propuso una  Monarquía Constitucional Inca, como un acto de justicia histórica,  para gobernar estos territorios recién liberados, junto  con Belgrano y Güemes, cuando en Tucumán  temblaban  ante  el pensamiento  de  declarar  la independencia  les dijo: “Ánimo  que para los hombres de coraje se han hecho las empresas”
Aquel que  trataba   sus  oficiales y soldados de  compañeros porque  había ganado sus galones  en el campo de batalla: “Compañeros del Ejército de los Andes:” Ya no queda duda de que una fuerte expedición española viene a atacarnos; …La guerra se la tenemos que hacer del modo que podamos. Si no tenemos dinero, carne y un pedazo de tabaco no nos han de faltar; cuando se acaben los vestuarios, nos vestiremos con las bayetitas que nos trabajan nuestras mujeres y si no, andaremos en pelota como nuestros paisanos los indios. Seamos libres y lo demás no importa nada…”
Entonces ¿qué  es  lo que la historia oficial nos invita a  recordar  este 17 de Agosto? ¿El fallecimiento  de un grande, dejando  de  lado  su  muerte en un exilio  provocado después de la misteriosa  reunión en Guayaquil con un Bolivar que no era ni  su  sombra, y casi en  la pobreza por el dinero que le debía el país  que  ayudó a liberar? Un hombre que parece  nunca  haber  sonreído.
Ese no es el San Martín  que  la historia de  medio continente merece, nosotros  aplaudimos al San Martín de  piel quemada por  nuestro sol, al humano que  recordaba palabras en guaraní, al que fue  fiel  a sus  convicciones y que  168 años después de  su  muerte sigue siendo ejemplo.

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