junio 20, 2015

Más que la bandera de la Patria

belgrano
Una nueva conmemoración de la muerte de Manuel Belgrano, se presenta como propicia oportunidad de pensar el proyecto trunco de la Nación soñada por él, donde la libertad y el respeto por los pueblos originarios se conjugaban con ideales de libertad y autonomía.

“Más que un padre de la patria, me contentaría con ser un buen hijo de ella” (M. Belgrano)

(ACODE Prensa ENDEPA). Conmemoramos una vez más, el aniversario del fallecimiento de Manuel Belgrano, ocurrido el 20 de junio de 1820, en Buenos Aires. Confinado a la penuria económica y la enfermedad, a Belgrano se le fue la vida en la proyección de una Nación libre de sometimiento y esclavitud. La historia oficial, nos tapa hoy aspectos importantes de esta figura fundamental de una Nación que no es la que tenemos hoy. En su cosmovisión y su obra política, Belgrano consideró especialmente a los pueblos originarios (“los naturales”) y esta impronta se ve claramente expresada en el Reglamento para el Régimen Político y Administrativo y Reforma de los 30 Pueblos de las Misiones, redactada por Belgrano en el campamento de Tacuarí, en 1810, texto que fue incorporado por Juan Bautista Alberdi en 1853 como una de las bases de la Constitución Nacional.

En el prefacio del Reglamento, se enuncia:
A consecuencia de la proclama que expedí para hacer saber a los naturales de los pueblos de Misiones, que venía a restituirlos a sus derechos de libertad, propiedad y seguridad de que por tantas generaciones han estado privados, sirviendo únicamente para las rapiñas de los que han gobernado, como está de manifiesto hasta la evidencia, no hallándose una sola familia que pueda decir: “estos son los bienes que he heredado de mis mayores”; y cumpliendo con las intenciones de la Excelentísima Junta de las Provincias del Río de la Plata, y a virtud de las altas facultades que como a su vocal representante me ha conferido, he venido en determinar los siguientes artículos, con que acredito que mis palabras, que no son otras que la de Su Excelencia, no son las del engaño, ni alucinamiento, con que hasta ahora se ha tenido a los desgraciados naturales bajo el yugo del fierro, tratándolos peor que a las bestias de carga, hasta llevarlos al sepulcro entre los horrores de la miseria e infelicidad, que yo mismo estoy palpando con ver su desnudez, sus lívidos aspectos, y los ningunos recursos que les han de dejado para subsistir:

Algunos de los ejes principales del Reglamento son:
La libertad de todos los naturales de Misiones y su derecho de propiedad privada.
1º Todos los naturales de Misiones son libres, gozarán de sus propiedades, y podrán disponer de ellas como mejor les acomode, como no sea atentando contra sus semejantes.

El derecho a desarrollar carreras, empleos y ocupar cargos:

4º Respecto a haberse declarado en todo iguales a los españo­les que hemos tenido la gloria de nacer en el suelo de América, les habilito para todos los empleos civiles, militares, y eclesiásticos, debiendo recaer en ellos, como en nosotros los empleados del gobierno, milicia, y administración de sus pueblos.

El reconocimiento de la propiedad:
7º A los naturales se les dará gratuitamente las propiedades de las suertes de tierra que se les señalen que en el pueblo será de un tercio de cuadra, y en la campaña según las leguas y calidad de tierra que tuviere cada pueblo su suerte, que no haya de pasar de legua y media de frente y dos de fondo.

Y la liberación de todo tipo de castigos por parte de los españoles:

29º No se les será permitido imponer ningún castigo a los naturales, como me consta lo han ejecutado con la mayor iniquidad, pues si tuvieren de que quejarse ocurrirán a los jueces para que se les administre justicia, so la pena que si continuaren en tan abominable conducta, y levantaren el palo para cualquier natural serán privados de todos sus bienes, que se han de aplicar en la forma arriba descrita, y si usaren el azote, serán penados hasta el último suplicio.

Pensar a Belgrano
Diversos historiadores y ensayistas han dado cuenta acerca del pensamiento de Manuel Belgrano en torno a los pueblos originarios. Ideas éstas, las del prócer, que se vieron frustradas en su concreción material, y reemplazadas en la práctica por otras de tinte opuesto.
El antropólogo Marcelino Fontán, profesor titular en la maestría en Antropología Social de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, y docente de la cátedra de Salud y Derechos Humanos (Medicina-UBA), observa la existencia de “un vínculo que fue cortado, el de las comunidades indígenas y los revolucionarios de Mayo”. En esta línea, Fontán señala que “Hay que comprender que aquellos revolucionarios de Mayo reconocían en Túpac Amauru II al verdadero referente de la revolución americana, quien además tuvo un programa económico y social. Por eso es que Belgrano propuso en el Congreso de Tucumán una forma de monarquía constitucional que retome la tradición de los incas y que tenga a un descendiente indígena a cargo del gobierno del Río de La Plata. Eso fue desdibujado en nuestra historia, pintado como un arranque de locura de Belgrano. Lo que se perdió entonces fue un proyecto político contrapuesto al que triunfó”.
El historiador Osvaldo Bayer, en tanto, se pregunta “¿por qué los argentinos, luego de ese pensamiento de Mayo generoso de pura Igualdad y Fraternidad, le pudieron levantar un monumento a un genocida que practicó la muerte y la desigualdad con ritmo de marcha militar? ¿Por qué no se continuó con el pensamiento de un Belgrano, de un Castelli, de un Mariano Moreno? Nombres para recordar siempre. Ese Belgrano, después de su vida dada al pueblo y muerto en la pobreza más absoluta mientras el general genocida (Roca), hoy en bronce, recibía como premio por sus crímenes 60.000 hectáreas de las mejores tierras para su estancia La Larga. Por haber matado, por haber reimplantado la esclavitud”.
Por su parte, otro historiador, Felipe Pigna, entiende que “La otra historia ha condenado a Manuel Belgrano a no ser. Belgrano no tiene día en el calendario oficial. El día de su muerte es el día de la bandera. Y ya sabemos de la importancia que el símbolo patrio adquiere entre nosotros más allá de los festejos deportivos y las declamaciones patrioteras de ocasión. No nos han enseñado con ejemplos a querer nuestra bandera, ha sido violada y usurpada por los gobiernos genocidas que han hecho abuso de su uso. Hay que recuperarla para nosotros. Es esa una tarea imprescindible pero larga y, mientras tanto, Belgrano sigue sin ser recordado como se merece”.

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