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RESEÑA HISTÓRICA |
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ARGENTINA es un país donde, hasta hace unos 20 años, la presencia indígena era desconocida y sobre todo, negada. Se hablaba de “grupos de indios en el norte y sur...”, en general, sin ningún dato cierto. Somos un país latinoamericano que creció mirando a Europa. Como la registran los mapas del siglo XVI, Argentina estaba poblada por pueblos indígenas. Durante la conquista española muchos de ellos desaparecieron. Más tarde, en plena etapa organizativa constitucional del país, se realizan dos expediciones militares tanto al norte como al sur (1870-1884) que determinan la gran matanza indígena, especialmente del sur. Los pueblos indígenas sobrevivientes, entonces, quedanron relegados a las zonas más inhóspitas, y se entregaron a la inmigración europea sus territorios tradicionales. La realidad social y eclesial de 1970 (con el Vaticano II, Medellín, Puebla) marcó una apertura grande hacia las zonas más pobres de la patria y una presencia cada vez mayor de la Iglesia en las comunidades aborígenes. Estos grupos que se comunicaban y reunían, organizaron el 1er. Encuentro Nacional de Agentes de Pastoral en zonas indígenas (Bs. As., 1980). Fue un encuentro ecuménico importante, alentada por los Padres Obispos Don Jaime de Nevares por el sur, Dante Sandrelli, Gerardo Sueldo y Jorge Kemerer por el norte. Estos equipos eclesiales crecieron y en noviembre de 1984, la Conferencia Episcopal crea la Comisión Episcopal de Pastoral Aborigen (C.E.P.A.) que reúne y asume estos agentes en el Equipo Nacional de Pastoral Aborigen (ENDEPA). En la actualidad, el Padre Obispo Marcelo Melani (Diócesis de Neuquén) preside esta Comisión Episcopal (C.E.P.A.). Es en la década de los años 85 – 95 donde hay un mayor reconocimiento a los Pueblos Indígenas: La Reforma Constitucional de 1994 reconoce explícitamente sus derechos y se da el fenómeno revitalizador de Pueblos Indígenas emergentes que creíamos desaparecidos. La Pastoral Aborigen en nuestro país lleva un largo proceso. Una permanente experiencia del reconocimiento de un DIOS PADRE Y MADRE DE TODOS LOS PUEBLOS obrando, llamando a acompañarlos. Compartimos la fragilidad, la incertidumbre de estos mismos hermanos. Y damos gracias a Dios continuamente por el MISTERIO DE LA VIDA que en ellos se manifiesta. |
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