junio 2, 2019

Una reivindicación gratificante

En agosto próximo se cumplirán 25 años de la Reforma de la Constitución de la República Argentina donde se aprobó por unanimidad el artículo 75 inciso 17, significando un cambio de paradigma en materia de Derechos Humanos Indígenas. Mabel Quinteros, quien en ese momento era Coordinadora Nacional de ENDEPA, tuvo un papel fundamental en el acompañamiento a las Comunidades  Indígenas  que impulsaron la reforma.

Mabel nos cuenta el proceso que se llevó adelante en conjunto, con todos los equipos, constituyentes y miembros de las Comunidades Originarias. Un válido testimonio  para entender las motivaciones y acciones que posibilitaron este hecho de vital importancia en la  historia nacional: el reconocimiento de la pre-existencia de los Pueblos Originarios a la Nación Argentina.

 

¿Cuál era el contexto indígena previo a la reforma?

Habíamos pasado el año 1992, que fue un año muy importante en relación a la conmemoración de la llegada de Europa a América. Trabajamos mucho en el contexto de los 500 años y eso nos sirvió muchísimo como antecedente; primero porque nosotros reconocimos más de una vez todo lo que no se hizo bien como iglesia en esos 500 años y también mostrar que teníamos otro camino realizando con los hermanos, un verdadero acompañamiento, porque ya en ese momento existían organizaciones en todo el país, se iban armando junto a los miembros de las Comunidades Indígenas. En ese plano se sucedieron varios años donde nuestro trabajo se volcó a capacitar a nivel legal, enseñando las leyes y sus derechos.

Había un ambiente favorable para empezar a hablar de la posibilidad de la Reforma. Entonces nos pusimos de acuerdo prácticamente en todos los equipos y encaramos los diálogos en relación a la Reforma.

 

¿Cuál fue el rol de respecto a las primeras organizaciones hacia la promoción de la reforma?

Nos encontrábamos ENDEPA y otras organizaciones, como el Instituto de Cultura  Popular (INCUPO) y Asociación Amigos del Aborigen (A. A. A.), también estaban el Dr. Maldonado (ya fallecido) y las antropólogas Leonor Slavsqui y Morita Carrasco entre otras personas. Desarrollábamos la tarea de capacitar. Trabajábamos de manera muy cercana con los abogados de la Iglesia Anglicana, la Iglesia de Castelli, realizábamos las acciones de manera articulada y ecuménica, muy hermanados, llevando en común los deseos y las pasiones, de modo que construimos  todo un camino. Nos acompañaba en estas capacitaciones el abogado Ricardo Altabe, gran profesional, también fallecido,  que desarrolló una labor excelente.

¿Qué motivaba a las Organizaciones Indígenas para buscar la Reforma?

Nosotros, en cuanto a las acciones, mostrábamos un poco el camino, ya existían leyes pro indígenas en algunas provincias y había que poner verdaderamente en pie esos derechos. Los abuelos decían “se acabaron las guerras de las lanzas, ahora la guerra es de los papeles”, entonces nuestro propósito era que esas leyes no quedaran solamente en los papeles, sino que la oportunidad de la reforma de la Constitución fuera efectiva, “que la azada tenga filo y sirva” o sea que realmente la ley se cumpliera y no quedara solamente escrita.

 

¿Cuándo surgió concretamente la iniciativa de la Reforma?

Fue algo que fuimos conversando mucho desde los Equipos. Al principio nos parecía una cosa imposible, después empezamos a desarrollarlo mejor y a ver quiénes serían los Constituyentes, así pudimos conversar con Juan Pablo Cafiero, Lilita Carrió, Elva Roulet, entre otros. Ese acompañamiento nos llevó a preguntarnos ¿cómo hacemos? ¿Dónde vamos a estar? Y así emprendimos el desafío.

Pudimos conseguir un gran espacio físico para alojarnos en Sauce Viejo y ahí nos quedamos mientras duró el proceso. Cada lunes venían hermanos de las Comunidades y miembros de los Equipos de Pastoral.

 

¿Cuáles fueron los lineamientos que tuvieron en cuenta para generar interés en la introducción de los temas asociados a los Pueblos Indígenas en la Reforma?

Tuvimos una política específica en ese sentido. A la mañana íbamos a visitar los bloques, presentarnos y presentar a los constituyentes los fundamentos que mostraban que los Pueblos Indígenas realmente querían ser reconocidos y que fueran respetados sus derechos y luego escuchar para aprender, escuchar qué decían los constituyentes; entonces a la noche poníamos en común todo lo que se había escuchado. Al otro día, bien temprano se hacía la capacitación sobre esos puntos. Era una labor intensa, por eso armábamos diferentes grupos para llevar adelante las actividades.

Una particularidad es que los Indígenas fueron los únicos que estuvieron dentro de la Constituyente, se los llamó “Convencionales de pasillo”.

 Le tocó la enorme tarea de coordinar a todos los Equipos de Pastoral Aborigen en ese momento, ¿Qué aprendizaje le dio este acompañamiento?

Fue algo muy intenso, aprendí muchísimo, porque el trato era continuo desde la mañana y hasta la noche; teníamos muchos momentos de compartir, de pensar los motivos, los desafíos, de plantearnos la manera en que se pensaban estos objetivos. Muchas anécdotas nos quedaron de esos momentos tan decisivos.

Recordamos, al cumplirse estos 25 años, que todavía es una deuda pendiente la aplicación real de   los derechos indígenas que el artículo 75 protege.

 

-¿Cómo fueron esos días de “campaña” de parte de los indígenas con los Constituyentes?

La presencia de los hermanos fue tranquila, sencilla, cercana, pero permanente. Se interesaban en charlar con los Constituyentes y en mostrar sus realidades.

-¿Que significó para los Pueblos Indígenas este Artículo?

Fue algo muy grande. Nosotros en relación al anterior artículo de  1853, como institución Católica teníamos una espacie de vergüenza, un sufrimiento. El  antes decía “corresponde al Senado el trato pacífico con los indios y su conversión al catolicismo”; en relación a los  derechos reconocidos en este nuevo artículo, no existe comparación. La modificación, sin dudas, fue muy importante para los Pueblos Originarios.

Con respecto a las dificultades, ¿Cuáles fueron las más significativas?

Algunos bloques eran más abiertos para recibirnos, otros nos hacían alargar los tiempos; había que estar, teníamos que estar con simpatía, con presencia. En la comisión de Nuevos Derechos estuvimos siempre, en ese espacio tuvimos siempre un lugar, la presidente era Elva Roulet; esa comisión fue muy especial. En ese marco los Indígenas tuvieron un papel muy importante y fueron reconocidos, porque cuando íbamos a los bloques y nos presentábamos todos juntos, ellos formaban parte del dialogo pudiendo intercambiar de manera concreta y real.

¿Qué percepción tenían el día de la proclamación del artículo 75 inciso 17? ¿Cómo fue ese momento para ENDEPA y para los Pueblos Indígenas?

Esos instantes no fueron fáciles porque la Comisión de Redacción la encabezaba Carlos Corach y en esa comisión nos costó muchísimo que se admitiera, que entrara el texto del artículo, que venía ya de la Comisión de Nuevos Derechos muy trabajado. Nos costó muchos días y mucho trabajo con Juan Pablo Cafiero, que estaba en esta Comisión de redacción final. Fue duro, muy duro, porque pasaban los días y no llegaba nuestro artículo; hasta que finalmente fue aprobado el último día.

Ese momento fue muy emocionante porque se aprobó por unanimidad a mano alzada; no parábamos de llorar, fue muy impresionante, una intensa conmoción, las sensaciones se anudaban en la garganta y nos inundaban los ojos. Los abrazos, el llanto mezclado con risas jubilosas nos hermanaba una vez más, nuestro corazones daban gracias a Dios con fuerza, en la parte alta del auditorio éramos como una música polifónica de gozo desbordado. Habíamos cumplido la meta soñada.

 

 

 

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