noviembre 24, 2021

Las muertes son siempre del mismo lado…

Elías Garay, weichafe, nació en Ingeniero Jacobacci, nombre winka de Nawel Niyeu, localidad del centro sur de Río Negro, donde la mayoría de la población es mapuche.

Vivía en Loma del Medio, El Bolsón, desde donde comenzó a transitar abiertamente su camino de autorreconocimiento identitario como Pueblo en lucha. Este año se había incorporado activamente al proceso de recuperación territorial.

Subió a la montaña, donde un sicario le disparó directo a la cabeza. Su cuerpo sin vida esperó por horas ser recuperado; la Fiscalía a cargo de Betiana Cendón tenía que garantizar el cuidado de las pruebas en el lugar, la misma que negó la asistencia alimentaria por semanas.

El asesinato de Elías Garay, un joven Mapuche que luchaba pacíficamente para recuperar sus Territorios Originarios en Río Negro, cala hondo en la lucha Indígena por el recupero de los territorios ancestrales.

El terrible hecho ocurrió en la Comunidad Mapuche Quemquemtrew, en Cuesta del Ternero, en la tarde del domingo 21 de noviembre, cuando dos hombres armados -vestidos de civil- ingresaron al Territorio Ancestral donde la Comunidad sostiene un asentamiento desde el 18 de septiembre, para recuperar sus espacios ancestrales. Es el  mismo lugar que se encuentra sitiado por la policía rionegrina.

La sangre indígena volvió a mezclarse con la tierra que defienden. Foto: Denali DeGraf.

 

 

 

 

 

 

 

No podemos dejar de mencionar el paralelismo con la brutal represión que sufriera, el 23 de noviembre de 2010, la Comunidad Qom Potae Napocna Navogoh (La Primavera), donde la policía de Formosa desalojó el corte de la ruta Nacional 86 que mantenía la Comunidad por la expropiación de su territorio ancestral, amparado por la Ley de Emergencia Territorial Indígena. Habían sido arbitrariamente despojados de casi 600 hectáreas a favor de la Universidad Nacional de Formosa y de la familia Celía, ligada al poder político provincial. Los miembros de La Primavera fueron perseguidos por los efectivos policiales dentro del monte que, además, incendiaron varias viviendas. Mujeres y niños fueron llevados detenidos en camiones traídos por la policía. Durante esa persecución fue asesinado por las balas policiales Roberto López, del Pueblo Qom.

Ahora,  la violencia se repite dentro de una Comunidad Originaria, una violencia injustificada que duele.

“Justamente hoy pasa esto, cuando la policía sigue rodeando el territorio recuperado y nadie puede entrar, ni con alimentos ni con abrigo. Que hayan aparecido ahí dos personas armadas no tiene explicación”, menciona Orlando Carriqueo, dirigente de la Coordinadora Mapuche-Tehuelche, al vincular el episodio con el hecho de que hace pocos días se levantó un acampe humanitario ubicado cerca de la comisaria de Cuesta del Ternero.

Si bien la información inicial hablaba de una operación del Cuerpo de Operaciones Especial de Rescate (COER) de la policía rionegrina, esto fue desmentido por el gobierno provincial de Arabela Carrera: “En el marco de un hecho delictivo ocurrido en Cuesta del Ternero, se informa que desde la Policía de Río Negro no se dieron órdenes de actuaciones, ni se llevó a cabo ningún tipo operativo o intervención que tenga que ver con dicha situación”, comunicaron.

La mediación sería una forma de llegar a un acuerdo y desacreditar el argumento de que “los indios son todos terroristas” -reclaman las organizaciones-, ya que esto justifica la represión y la trágica y violenta muerte de otro joven indígena.

 

“La conquista no terminó”

“Es un día muy triste para el corazón. Tenemos que lamentar una muerte que ya estaba anunciada, sabiendo que en el territorio ya estaba todo militarizado, estaban esperando que levanten el acampe para arremeter y es lo que hicieron”, expresó María Isabel Huala, referente de la lucha del Pueblo Mapuche en el marco del acampe que llevan adelante Comunidades Indígenas en Plaza del Congreso en Buenos Aires.

La Comunidad Quemquemtrew solicita la desmilitarización del territorio ancestral. Foto: Denali DeGraf.

 

 

 

 

 

 

 

 

“Lamentablemente siempre los muertos son de parte de los Pueblos Originarios, siempre las masacres la sufrimos nosotros. La conquista no terminó y queda muy en claro que la colonización y la conquista siguen en pie, que vienen por todo, no solamente por la vida de los jóvenes que luchan en los territorios, sino que vienen por las tierras, por las riquezas, a través de la destrucción y la contaminación”, señaló.

“Es importante que estemos unidos. Tenemos que exigirle a este Estado que tenga una solución, que no siga poniendo parches. Las leyes fueron hechas sobre nuestros Pueblos, fueron hechas sobre la sangre derramada de nuestros antepasados. Nosotros debemos ponerle un parate con diálogo, exigiendo que nos dejen volver a ser Pueblos Originarios, que nos dejen volver a vivir en nuestros territorios, que nos dejen proteger y cuidar de lo que nos han dejado. Eso también depende de cada uno de nosotros, de cómo nos plantemos. Basta de negociados con nuestra gente y con nuestros territorios, basta de muerte”, manifestó María Isabel Huala.

 

Nuevamente balas en Río Negro

Cuando aún la Ley 26160 no ha perdido vigencia y se discute en la Cámara de Diputados este innegable derecho indígena, nos atraviesa la más dura noticia, producto de un hecho violento el domingo 21 de noviembre de 2021, en el Lof Quemquemtrew, en cuesta del Ternero, en el lugar conocido como La Tapera de los Álamos, sur de la provincia de Río Negro, una fecha y un lugar que no olvidaremos, en que la sangre indígena volvió a mezclarse con la tierra que defienden.

Allí fue asesinado un miembro de la Comunidad Indígena Quemquemtrew, Elías Garay, en el territorio y hay otro integrante de la misma, Gonzalo Cabrera, hospitalizado, grave, con una herida de arma de fuego en el estómago.

La violenta actitud oficial institucional alienta hechos como el acontecido en la madrugada del 22 de noviembre frente al Hospital de El Bolsón. Mientras algunos miembros del Lof acompañaban al herido, llegaron al lugar mujeres y hombres “con boinas, estilo criollos” que, armados con cuchillos, palos, piedras comenzaron a atacar a los Mapuche y a otras personas que se encontraban ahí, lastimando e hiriendo. El odio y la ira del ataque se orientaba con mayor fuerza a los que vestían prendas mapuches, informaron testigos.

Mientras tanto las fuerzas provinciales siguen cercando, como un ejército de ocupación, a la Comunidad en su territorio reclamado, donde parecía que nadie podía entrar hasta el 21 de noviembre.

La falta de solución institucional cubre nuevamente de luto a la sociedad en Argentina. Este es otro crimen que nos recuerda los episodios de suma violencia que se vivieron y se viven en el sur y norte de nuestro país. Resurgen en la memoria los nombres de personas fallecidas violentamente como Rafael Nahuel.

En esta Argentina aún nos aqueja el constante incumplimiento de la Constitución Nacional art. 75. inc. 17, de la Declaración de la ONU y la OEA sobre los Derecho de los Pueblos Indígenas, del Convenio 169 de la OIT, la falta de reconocimiento de los territorios indígenas, el incumplimiento de la Ley 26160, el racismo y la discriminación.

Esta vida joven que se fue y la otra que pelea en un hospital nos hacen pensar que un país como Argentina, condenado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el caso Lhaka Honhat, aún no ha tomado conciencia y se está hoy discutiendo si prorroga o no la Ley 26160, y en Río Negro -una provincia con la triste historia de la Campaña del Desierto- se toman decisiones que provocan violencia, causando muerte y dolor, y siempre las víctimas son del mismo lado, el de los Pueblos Indígenas.

ENDEPA no solo repudia moral y manifiestamente los actos violentos ocurridos este triste domingo 21 de noviembre 2021, sino que hace un llamado a las autoridades provinciales y nacionales para que deslinden las responsabilidades castigando a los culpables, que la Gobernadora Arabela Carreras no sea un nuevo Roca; y pide a toda la sociedad civil la aceptación de las culturas diferentes y de los derechos de los Pueblos Indígenas, reconociendo a esta Argentina del siglo XXI como el país pluriétnico y multicultural que enuncia su Constitución Nacional.

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Cintia Gimenez

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