La selva es el territorio de vida para los Pueblos Indígenas. Allí se desarrollan sus identidades y formas de habitar y ver el mundo que se sostienen desde hace cientos de años. En esa relación profunda se desarrollan saberes, prácticas y decisiones colectivas que garantizan el cuidado de la biodiversidad y la reproducción de toda la vida en armonía.

Hoy vemos con preocupación que esta relación está en serio riesgo. La expansión del desmonte y el avance de modelos económicos ajenos a estos territorios, ponen en peligro no solo la selva, sino también a las Comunidades Indígenas que la habitan. Hoy el Estado, en lugar de reconocer y garantizar derechos ambientales, promueve políticas que profundizan el despojo, la destrucción y el desplazamiento.
Cuidar estos territorios implica respetar la autonomía de las Comunidades, garantizar la participación de los Pueblos preexistentes en las decisiones que los afectan y reconocer el valor político, ambiental y cultural de sus modos de vida.