El proceso revolucionario iniciado en 1810 estuvo marcado por un discurso prudente en lo político, aunque dentro de la Primera Junta existían figuras con ideas mucho más profundas y transformadoras. Hombres como Mariano Moreno, Manuel Belgrano y Juan José Castelli impulsaban, no solo la emancipación del dominio español, sino también una visión de país más justa, que incluía a los Pueblos Indígenas.

Ellos entendían que la construcción de la patria debía reconocer a las Comunidades Originarias como parte esencial de la historia y de la identidad colectiva de estas tierras. Promovieron ideas vinculadas al respeto, la igualdad y el reconocimiento de derechos, buscando una convivencia basada en la paz y la participación de todos los Pueblos que habitaban el territorio.
Sin embargo, esas miradas avanzadas para la época tuvieron corta duración y no lograron consolidarse plenamente en los primeros años de la futura república. Mucho tiempo después, y especialmente con la reforma de la Constitución Nacional Argentina de 1994, los derechos de los Pueblos Indígenas comenzaron a tener un reconocimiento institucional más claro.
Entonces, hablar hoy de una Argentina pluriétnica es también recuperar aquellas voces de 1810 que soñaban con una patria construida desde el respeto, la justicia y la participación de todos los pueblos.