En el marco de la Semana Social 2026, “Puentes hacia el Bien Común”, realizada del 4 al 6 de septiembre en Córdoba, se desarrolló el taller “Pueblos Originarios y Ecología Integral”, organizado por ENDEPA y el Área de Ecología Integral de la Comisión Episcopal de Pastoral Social.
El espacio propuso generar un diálogo entre la sabiduría ancestral de los Pueblos Indígenas y una mirada crítica sobre el modelo extractivista, poniendo en el centro la necesidad de promover el cuidado de la Casa Común y construir caminos hacia una relación más respetuosa y equilibrada con la naturaleza.
Asimismo, se planteó analizar comunitariamente cómo el actual modelo económico extractivista y de consumo impacta sobre los territorios y profundiza una denominada “cultura del descarte”. Una problemática que atraviesa tanto a los montes y Comunidades como a las periferias urbanas, los basurales y quienes trabajan en la recuperación de residuos.

“Sin territorio no somos nadie”
Una de las voces centrales del taller fue la de Keila Zayas, integrante de la Comunidad Arandu del Pueblo Mbya Guaraní en Misiones. Con 18 años, llevó al encuentro la mirada de una nueva generación indígena que entiende la defensa territorial como una cuestión directamente vinculada con la identidad y la continuidad de los Pueblos.
Keila explicó que para las Comunidades Mbya el territorio no puede ser reducido a una superficie de tierra o a un recurso económico. Es el espacio donde se sostiene la cultura, la espiritualidad, la memoria y la propia identidad comunitaria.
“Nosotros no somos dueños del territorio, somos parte de ese territorio”, sostuvo, y remarcó que cuando un pueblo pierde su territorio no pierde únicamente una porción de tierra, sino también elementos fundamentales de su identidad cultural y espiritual. En ese sentido, advirtió que “sin territorio no podemos tener nuestro nombre espiritual”, y planteó que la situación territorial de las Comunidades en Misiones requiere una atención urgente.
Para Keila esa situación deja a muchas Comunidades expuestas a conflictos y disputas por sus territorios ancestrales.

Puente Quemado II, un caso llevado ante Naciones Unidas
Dentro de su intervención, Keila recordó especialmente la situación de la Comunidad Puente Quemado II, de Garuhapé, Misiones, un caso que llevó como representante de su Pueblo al Foro Permanente de las Naciones Unidas para las Cuestiones Indígenas, realizado en abril.
Explicó que la Comunidad atraviesa una situación particularmente compleja, vinculada con el conflicto territorial, la falta de título de propiedad comunitaria y las condiciones ambientales en las que viven sus integrantes. Según su testimonio, atravesado con profunda emoción, niños de la Comunidad estuvieron expuestos a agua contaminada y a sustancias tóxicas, mientras que el territorio continúa siendo escenario de disputas.
“Elegimos ese caso para llevarlo al ámbito internacional”, relató Zayas, quien luego recordó que, pocos días después de regresar de Naciones Unidas, la Comunidad sufrió un desalojo.
El conflicto, sin embargo, no terminó allí. La comunidad volvió a recuperar y reafirmar su presencia en el territorio y posteriormente atravesó un nuevo desalojo, manteniéndose hasta el presente en un proceso de resistencia y reafirmación territorial.
Para Keila, lo ocurrido en Puente Quemado II es parte de una problemática amplia que atraviesa a los Pueblos Indígenas cuando sus territorios son avasallados por intereses económicos.
“Cuando un territorio es atropellado, no se atropella solo al territorio, sino también a las Comunidades, a la gente que está en ese territorio”, expresó.
Hacia el final de su intervención, Keila recordó a Vasco Baigorri, miembro del Equipo Misiones de Pastoral Aborigen (EMiPA), recientemente fallecido, quien sostuvo hasta sus últimos días su acompañamiento al Pueblo Mbya. Recuperó esa experiencia como un mensaje para las nuevas generaciones y llamó a mantener la lucha por los derechos de los Pueblos indígenas.

“Somos el presente que tiene que construir un futuro mejor”, expresó, retomando las palabras de su abuela.
La Puna frente al avance de la minería
El taller también contó con la palabra comprometida de Franco “Levi” Vedia, comunicador, agricultor, guía de turismo, empresario indígena Kolla y referente de la Cuenca de Salinas Grandes y Laguna de Guayatayoc, quien llevó a Córdoba la experiencia de más de 33 Comunidades.

Franco explicó que la vida tradicional de las Comunidades de la Cuenca se encuentra ligada a la agricultura y la ganadería, mientras que actualmente también impulsan propuestas de turismo sustentable y de base comunitaria como una alternativa frente al avance de la actividad minera.
Uno de los principales cuestionamientos estuvo dirigido al avance de proyectos vinculados con el litio y las tierras raras en la Puna jujeña y salteña.
“La minería de litio es una minería de agua”, advirtió Franco, al señalar que la extracción de estos minerales puede afectar un ecosistema extremadamente frágil y comprometer humedales, bofedales, vertientes y otras fuentes de agua fundamentales para las Comunidades. En ese sentido, cuestionó los mecanismos de participación utilizados por el Estado y sostuvo que las Comunidades no siempre son incorporadas de manera efectiva a los procesos de consulta previa, libre e informada.
También señaló las dificultades que enfrentan los pueblos indígenas para acceder y comprender estudios de impacto ambiental elaborados con lenguaje técnico, una situación que, según explicó, puede dificultar la participación comunitaria en decisiones que afectan directamente sus territorios.
Entre ellas destacó el Cachichupi, “Huellas de Sal”, un documento elaborado desde las comunidades de la Cuenca de Salinas Grandes y Laguna de Guayatayoc como herramienta para expresar su identidad, sus formas de organización y su relación con el territorio. “Nuestras armas para defendernos son el valor de la palabra y la verdad, y yo agregaría también la Comunidad”, resumió Franco. “No existe progreso si daña el ambiente”, sostuvo.
Y cerró su intervención con una definición que resume la mirada de las comunidades sobre la defensa de la biodiversidad; “nuestros Pueblos están para ayudar a sanar el mundo, pero que no nos destruyan”.
Desde estas voces, territorio, agua, identidad, espiritualidad, cultura y Comunidad forman parte de una misma realidad.
En ese sentido, la ecología integral aparece como una mirada capaz de cuestionar un modelo de desarrollo que identifica el progreso con la explotación creciente de los bienes naturales.

La propuesta, también tuvo la participación de Mario Muro de Ecología Integral y Daniel Marcos de la Cooperativa La Foresta, recuperando el papel de la Iglesia en el acompañamiento de estos procesos, promoviendo espacios de diálogo, mayor participación de las mujeres y de las nuevas generaciones.
El mensaje que estuvo presente a lo largo de todo el taller fue claro: no puede existir un verdadero progreso si ese progreso implica destruir las condiciones que hacen posible la vida.