Cada fin de junio, cuando el frío empieza a hacerse sentir con más fuerza y las noches se alargan, los Pueblos Indígenas Andinos se preparan para un tiempo especial; el solsticio de invierno. Es un momento de rituales, de agradecimiento y de renovación plena.
En lo alto de los Andes, el Inti Raymi -que en Quechua significa “fiesta del sol”- vuelve a cobrar vida. Esta ceremonia celebra al Sol como fuente de energía y vida. Se realiza cada 24 de junio, en coincidencia con el día más corto del año. Las Comunidades siguen reuniéndose para agradecer, conectarse con la naturaleza y renovar la energía para el nuevo ciclo.

En el sur, en Territorio Mapuche, también se celebra: es el We Tripantu, el Año Nuevo Mapuche. Entre el 21 y el 24 de junio, se recibe el regreso del sol con alegría y esperanza. Allí comienza un nuevo ciclo natural, dónde la tierra se prepara para renacer. Se comparten comidas, cánticos, historias y ceremonias alrededor del fuego sagrado, como lo hicieron siempre sus ancestros.

Ambas celebraciones nos invitan a detenernos, a escuchar lo que nos dice la Madre Tierra y a recordar que hay otra forma de medir el tiempo, un tiempo que se rige por el ritmo del sol, la naturaleza y los vínculos de la interconexión con el territorio.