José de San Martín integró una generación de patriotas que pensó un país con los Pueblos Indígenas como parte esencial, en un tiempo en el que se buscaba forjar una nación consolidada de la que todos formen parte.

En 1816, durante el Congreso de Tucumán, respaldó junto a Manuel Belgrano la propuesta de instaurar una Dinastía Inca y promovió que las proclamas de la independencia se tradujeran a lenguas indígenas de Pueblos del Noroeste y Litoral, asegurando que el mensaje emancipador llegara a quienes también eran protagonistas de la gesta y que habitaban estas tierras ancestralmente. Su trayectoria estuvo marcada por principios democráticos y justos, y en toda su gestión pública demostró un compromiso genuino con el destino de los Pueblos Indígenas, respetando siempre su voluntad y autoridad.
Son muchos los hechos que evidencian ese vínculo: la incorporación de “Naturales de Yapeyú” al Regimiento de Granaderos a Caballo, el alistamiento de trescientos guaraníes de las Misiones, su entrevista con caciques Pehuenches en el Fuerte de San Carlos antes del cruce de los Andes, o la decisiva participación de unos dos mil Mapuches como caballería y baqueanos en esa campaña. También destacan medidas como la supresión del tributo indígena y el reconocimiento de las Comunidades Andinas por su aporte a la guerra emancipadora.
Ese proyecto nacional incluía a los Pueblos Indígenas como sujetos plenos de derechos y partícipes de un nuevo orden social pensado desde la multiculturalidad. Sin embargo, hoy, la realidad muestra un profundo contraste, donde la falta de respeto a la propiedad comunitaria de sus territorios, la vulneración de su derecho a la consulta previa, libre e informada, el avance de proyectos extractivistas sin su consentimiento y la persistente exclusión de sus voces en la toma de decisiones en asuntos que les conciernen revelan una deuda histórica.
Recordar a San Martín desde esta perspectiva puede ser un llamado a asumir que los derechos reconocidos en las leyes y en la Constitución deben cumplirse efectivamente. El ideario del Libertador sigue vigente, pero muchas veces de modo superficial y la concreción plena continúa siendo una tarea pendiente para la Argentina de hoy.