Cada 20 de junio recordamos a Manuel Belgrano como el creador de la Bandera Argentina. Lo reducimos ahí. Sin embargo, su legado va mucho más allá de ese símbolo que une al país. Belgrano imaginó una nación capaz de reconocer la riqueza de su diversidad cultural y de tener presentes a todos los pueblos que habitaban este territorio.

En los primeros años de la emancipación, cuando todavía se debatía el destino político de las Provincias Unidas, Belgrano promovió medidas innovadoras para su tiempo. Entre ellas, impulsó normas destinadas a los Pueblos de las Misiones que reconocían derechos, formas de organización propias y espacios de participación para las Comunidades Indígenas.
Su visión se alejaba de los modelos excluyentes predominantes en aquella época. Entendía que la construcción de una Nación libre no podía realizarse ignorando a quienes habitaban estas tierras desde mucho antes de la llegada del Estado argentino. Por el contrario, consideraba que los Pueblos Indígenas debían ser protagonistas del nuevo proyecto colectivo.
Décadas más tarde, la Constitución Nacional incorporaría principios vinculados al reconocimiento de la preexistencia étnica y cultural de los Pueblos Indígenas. En muchos aspectos, aquellas conquistas encuentran antecedentes en las ideas que Belgrano había expresado durante los albores de la independencia.
Recordar hoy a Belgrano es también recuperar esa mirada amplia y profundamente humana de la patria: una comunidad construida desde el respeto, la diversidad y la participación de todos los pueblos que habitan esta Argentina pluriétnica.