El 19 de julio de 1924, en Napalpí, Chaco, cientos de mujeres, hombres y niños de los Pueblos Qom y Mocoví fueron brutalmente asesinados por la policía provincial, estancieros y civiles armados. Fue una masacre planificada. Un crimen de lesa humanidad ejecutado por el Estado argentino como parte de un sistema de represión, control y exterminio hacia los Pueblos Indígenas.

Las Comunidades se encontraban en huelga y reclamaban condiciones dignas, como así también, una paga justa por su trabajo en la cosecha de algodón. Denunciaban los abusos, el hambre, la servidumbre disfrazada de empleo. Planeaban trasladarse a los ingenios del norte, en busca de un futuro menos cruel.

Pero el gobierno chaqueño, encabezado por Fernando Centeno, con el aval del presidente Marcelo T. de Alvear, les prohibió abandonar la provincia. Ante la firmeza indígena, ordenaron la represión. El pretexto oficial fue una supuesta “sublevación”.

La mañana del 19, alrededor de 130 hombres fuertemente armados -entre policías, estancieros y civiles- rodearon el campamento donde las Comunidades realizaban una ceremonia espiritual. Sin advertencia ni diálogo, abrieron fuego con rifles y ametralladoras. Dispararon a mansalva durante más de media hora. Los cuerpos caían sin posibilidad de defensa; nadie allí estaba armado.

Pero no fue solo un fusilamiento. Luego del tiroteo, los atacantes ingresaron al lugar para rematar a los sobrevivientes con machetes y hachas. Degollaron a los heridos, mutilaron cuerpos, colgaron algunos… La crueldad fue extrema. El mensaje era claro, el de sembrar el terror para desalentar cualquier intento de organización indígena.
La Masacre de Napalpí no fue un hecho aislado. Fue parte de una estructura sistemática de violencia y racismo institucionalizado, con la que el Estado argentino buscó despojar, someter y borrar la existencia de los Pueblos Indígenas.

A 101 años, solo hubo pequeños gestos de justicia reparadora, aunque de cumplimiento parcial, y tampoco sus derechos se han hecho plenamente efectivos. La memoria se sigue sosteniendo desde la dignidad de los que resistieron y continúan resistiendo.