El 13 de septiembre de 2007, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó en Nueva York la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, un instrumento internacional que marcó un avance significativo en el reconocimiento de los derechos de los Pueblos Indígenas.

La Declaración reconoce derechos tanto individuales como colectivos y aborda distintos aspectos vinculados con la vida, la identidad, la cultura y el futuro de los Pueblos Indígenas. Constituye una herramienta fundamental para reconocer la capacidad de las Comunidades de decidir sobre sus propios proyectos, formas de vida y procesos de desarrollo.
Este reconocimiento está estrechamente relacionado con la defensa de la diversidad cultural. Cada Pueblo tiene derecho a conservar, fortalecer y desarrollar su propia identidad, sus instituciones y sus formas de organización, sin que ello implique renunciar a su pertenencia dentro de los Estados de los que forman parte.
La Declaración constituye un instrumento de referencia para comprender el alcance de los derechos de los Pueblos Indígenas y para acompañar las luchas vinculadas con el territorio, la identidad, la cultura, la participación y la libre determinación.
A casi dos décadas de su aprobación, la Declaración continúa teniendo una importancia fundamental, especialmente porque muchos de los derechos que reconoce todavía están lejos de cumplirse plenamente.
En distintos territorios de Argentina persisten conflictos por la tierra, avances sobre espacios comunitarios, presión sobre los bienes naturales y proyectos que afectan directamente a las Comunidades. En estos escenarios, el reconocimiento internacional de los derechos convive con situaciones en las que esos mismos derechos son desconocidos, vulnerados o quedan relegados frente a otros intereses.
Frente a los avasallamientos que atraviesan a las Comunidades, la discusión ya no pasa solamente por reconocer derechos, sino por garantizar que puedan ejercerse efectivamente, respetarse y defenderse en los territorios.