Antes de la gesta, una consulta

José de San Martín reconocía a los Pueblos Indígenas como los verdaderos dueños de los territorios. Los llamaba “nuestros paisanos los indios”, una expresión que reflejaba el respeto que tenía hacia ellos.

Ese reconocimiento también quedó expresado durante la preparación del Cruce de los Andes. En el campamento de Plumerillo, San Martín se reunió con una delegación de Caciques Pehuenches y les solicitó autorización para atravesar la cordillera: “Debo cruzar los Andes por el sud, pero necesito para ello licencia de ustedes, que son los dueños del país”.

El libertador consideraba a los Pueblos Indígenas como parte del proyecto de independencia y de la construcción de un nuevo orden social, en el que debían ser protagonistas y también beneficiarios de los cambios impulsados por la revolución.

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