El llamado indígena a cuidar la Casa Común

En el marco de la COP30, la Red Eclesial Gran Chaco y Acuífero Guaraní (REGCHAG), representada por Rosita Sidasmed, Hermana de la Misericordia de las Américas, secretaria ejecutiva de la Red y miembro de ENDEPA, participó en una jornada de reflexión y encuentro con la Asociación y Fraternidad San Francisco de Asís en la Providencia de Dios, institución responsable del barco hospital Papa Francisco y del barco hospital São João XXIII, iniciativas que llevan atención médica gratuita y esperanza a miles de personas en la Amazonía.
En la oportunidad instó a una conversión ética, espiritual y económica frente a la crisis climática, llevando el mensaje del Gran Chaco y del Acuífero Guaraní, una región que “late en el corazón de América del Sur” y donde la biodiversidad, la vida humana y la espiritualidad de los Pueblos Indígenas están profundamente entrelazadas.
Este encuentro permitió exponer de cerca el trabajo humanitario y pastoral que estas embarcaciones realizan en alianza con los gobiernos de Pará y Amazonas, ofreciendo servicios de salud integral -consultas médicas, cirugías, exámenes, odontología y oftalmología- a las comunidades ribeirinhas más aisladas. Durante la COP30, ambos barcos hospitales fueron presentados como un modelo de referencia mundial en atención sanitaria y acción evangelizadora en la región amazónica.
Durante su intervención en el encuentro “Respondiendo al llamado de las Conferencias Episcopales del Sur Global por la Justicia Climática”, la representante de la REGCHAG destacó que la crisis climática “no es solo ambiental, sino también social, cultural y espiritual”. En esa línea, subrayó que el extractivismo, la contaminación de los ríos y la deforestación avanzan sobre los territorios, pero también “crece una resistencia viva, tejida desde la fe, la solidaridad y la sabiduría ancestral”.
Sidasmed explicó que, desde la Red Eclesial del Gran Chaco y el Acuífero Guaraní, se acompaña a Comunidades Indígenas, campesinas y eclesiales en Argentina, Bolivia, Paraguay y Uruguay, que enseñan a cuidar la Casa Común desde la espiritualidad cotidiana.
En su mensaje, propuso fortalecer tres caminos fundamentales, por un lado, el reconocimiento de los Pueblos Indígenas y campesinos como custodios de la vida; por otro, la defensa del agua como bien común, en especial en el Acuífero Guaraní, una de las mayores reservas de agua dulce del planeta, y la construcción de redes eclesiales que encarnen una “sinodalidad ecológica”, articulando experiencias locales hacia una voz global.

Advertencia sobre las falsas soluciones
Rosita Sidasmed advirtió que, frente a la crisis, se promueven mecanismos de mercado que profundizan la desigualdad, como las llamadas economías “verdes” o “azules”, que terminan “financiarizando la naturaleza”.
“Se habla de compensaciones o de carbono neutral, pero muchas veces estos instrumentos esconden una nueva forma de colonización”, denunció, alertando sobre megaproyectos energéticos y de biocombustibles que expulsan comunidades campesinas e indígenas o privatizan los recursos acuáticos.
Para Sidasmed, la verdadera justicia climática “exige transformar las estructuras de poder y consumo”, porque “no se puede mercantilizar lo que es sagrado”. Reclamó una conversión ética y espiritual que una la justicia climática con la justicia social y cultural.
La intervención de la REGCHAG propuso una visión del cuidado como vocación espiritual y ética, donde la fe y la defensa de la Tierra son inseparables. “El cuidado no es un mandato externo, sino una forma de ser”, expresó Sidasmed, aludiendo a la cosmovisión Mbya Guaraní, que concibe la relación con la naturaleza como parte de la identidad humana. Sostuvo que la Iglesia está llamada a una “conversión territorial que acompañe las luchas por la tierra y celebre la espiritualidad del territorio. Seguir a Jesús hoy implica cuidar activamente la Casa Común, como Él cuidó a los pobres, a los enfermos y a la tierra”, afirmó.

El llamado del Pueblo Mbya Guaraní
El documento incluyó un anexo titulado “El Último Centinela del Bosque y del Agua”, que denuncia la emergencia climática y el despojo territorial del Pueblo Mbya Guaraní en Misiones.
La situación revela una paradoja: la provincia con una de las mayores riquezas hídricas del país alberga Comunidades al borde del colapso. De más de 140 Comunidades Mbya, apenas el 20% posee títulos de propiedad de sus territorios, lo que genera conflictos, desalojos y judicialización de sus reclamos, y muchas de ellas no acceden a agua segura.
El informe detalla casos críticos, como los territorios amenazados por la empresa CARBA, o el avance urbanístico sobre Comunidades de San Ignacio, donde el turismo y la falta de monte nativo ponen en riesgo su supervivencia cultural.
También se denuncia una emergencia hídrica creciente ya que las fuentes naturales se contaminan por el impacto agroindustrial y las sequías prolongadas. Mientras tanto, en ciertos casos, el agua se utiliza como mecanismo de chantaje para forzar desplazamientos de Comunidades Mbya.
El documento advierte sobre la “negación constitucional” del Pueblo Guaraní en Misiones, donde sus derechos no están reconocidos, y critica la falta de participación indígena en las llamadas “escuelas interculturales bilingües”, que en la práctica perpetúan la aculturación.
Ante este panorama, se exige titulación inmediata de tierras, acceso garantizado al agua segura y fin al colonialismo institucional. “Proteger el territorio Mbya es una medida climática de alcance global”, subraya el texto.
La hermana Rosita cerró su intervención con una expresión guaraní: “Yvy marane’ỹ”, la tierra sin mal.
“Es el horizonte de plenitud que buscamos, una tierra donde todas y todos podamos vivir con dignidad, donde la justicia y la paz abracen a la creación entera. Más que vivir bien, se trata del Buen Vivir -teko porã, una existencia en equilibrio con los demás seres humanos, con la naturaleza y con el mundo espiritual”, se expresó.

“Sin monte no hay alma. Sin tierra no hay camino.Sin espíritu no hay vida”, citando las palabras del Pueblo Mbya Guaraní, como síntesis del llamado a una ecología integral y una conversión del corazón frente a la crisis planetaria.